Advertencia de una madre en Facebook terminó dañando a las víctimas de tráfico sexual

La viralización de un mensaje en Facebook acerca del tráfico sexual de niños escrito por Diandra Toyos, una madre del sur de California, llegó a decenas de miles de personas a través de acciones y comentarios en la red social. Desafortunadamente, se trata de una descripción equivocada y, en última instancia, perjudicial acerca de la naturaleza de este delito y de cómo ocurre en los Estados Unidos.

En su publicación, Toyos relata una reciente salida con su familia a Ikea, que fue interrumpida cuando dos hombres comenzaron a seguirla a ella, su madre y sus hijos a través de la tienda, a pesar de sus esfuerzos por eludir a los perseguidores. El incidente fue aterrador y nos recuerda a todos la importancia de estar conscientes de nuestro entorno.

El problema es que, en la publicación, Toyos se enmarcó a sí misma y su familia como “blanco de los traficantes de personas”. Sin embargo, hay cero indicadores de tráfico humano en su historia. Cero.

Me gustaría poder decir que, más allá de ello, el posteo nos ayudará a todos a estar “más seguros y vigilantes”, antes de lamentarlo. En cambio, me parece que representa tan mal los peligros, señales de advertencia y los riesgos asociados con el tráfico sexual, que sus lectores y seguidores ahora podrían tratar de proteger a los pequeños prestando atención a las cuestiones equivocadas, en los lugares equivocados. Así, podrían no ver casos de tráfico sexual reales, podrían perderse la oportunidad de ayudar a un niño que necesite ayuda. Lo que la gente no entiende acerca de este tema puede resultar letal para los chicos.

Soy una profesional en el campo de la lucha contra la trata y he hallado miles de casos de tráfico sexual de niños en los Estados Unidos. Nunca he visto, leído u oído hablar de una verdadera situación de trata sexual en la cual un menor haya sido secuestrado a plena luz del día, en una tienda concurrida y bajo la vigilancia de su madre. Simplemente, no es así como funciona.

Los traficantes tienden a coaccionar a sus víctimas porque capturarlas es muy riesgoso. Sus tácticas generalmente no son del tipo que dejan contusiones físicas. Las víctimas son reclutadas, manipuladas, subordinadas. Los lazos psicológicos y emocionales que establecen son muy eficaces. Es poco probable que los niños víctimas de la trata intenten escapar. A menudo, no delatan a sus captores, incluso si la policía se acerca a ellos.

Entre los patrones comunes de reclutamiento y control de la trata sexual se destacan los padres o padres de crianza que venden a sus hijos. También los jóvenes fugitivos, sin hogar, muchos de los cuales se identifican como LGBTQ y son recogidos en las paradas de autobús por traficantes que se aprovechan de su hambre y su necesidad de refugio. O una jovencita que se enamora de un hombre que también asegura amarla, pero luego la explota.

Y mientras que el tráfico sexual de niños puede sucederle a cualquiera, los pequeños de color, aquellos con antecedentes de abuso sexual, que provienen de hogares rotos o inestables, que se enfrentan a la pobreza y con discapacidades, son especialmente vulnerables.

La parte más perniciosa de la publicación viral en Facebook es la sección de comentarios. Mientras que los supervivientes de la trata sexual y los defensores de la lucha contra la trata -incluida yo misma- tratamos de corregir los conceptos erróneos al respecto e intentamos alertar al público acerca de los daños creados por los malentendidos y el sensacionalismo, esto nos causó cólera e indignación.

Algunos arrojaron citas y estadísticas, en un intento de destacar mi “ignorancia” en el tema. “La trata de personas ocurre en todas partes”, me recordaron. “Está en nuestros propios patios traseros”. Estas son frases exactas que algunos colegas y el movimiento contra el tráfico publicaron hace años para generar más conciencia del tema. Nunca imaginamos que se utilizarían para desafiar nuestra propia experiencia y para defender iniciativas que amenazan a las víctimas.

Peor aún, mientras que la historia del acecho fue elogiada por los comentaristas, los testimonios devastadores y precisos de la trata, ofrecidos por sobrevivientes, fueron socavados. Los intentos de informar se interpretaron como ataques contra padres protectores. En el mundo online, la verdad fue ridiculizada, invalidada, silenciada, ignorada. Y todo ello fue hecho por gente que asegura preocuparse por el tráfico sexual infantil.

La imaginación pública se alinea fácilmente con el tipo de temores de secuestros descritos en la publicación en Facebook y en los comentarios que le siguieron. Antes de postear un relato como ése, o de presionar ‘Me gusta’ o agregar un comentario, haga la tarea. Piense críticamente acerca del efecto que esas narraciones y respuestas pueden tener en los más expuestos, en los supervivientes y en los intentos reales de educar a la gente y combatir ese delito terrible.

Si quiere proteger a sus hijos, escuche los mensajes de aquellos que más saben del crimen. Preste atención a los reportes de estadísticas, busque grupos de interés que trabajan en el tema, vea las pruebas presentadas por los sobrevivientes. No deje que la simpatía comprensible engendrada por una historia atemorizante lo ciegue a lo que realmente significa la trata sexual.

Hay decenas de personas dedicadas a mantener seguros a los niños, sanos y protegidos de la horrible realidad del tráfico sexual en nuestro país. Nos preocupamos por las víctimas y los sobrevivientes. Y sabemos de qué estamos hablando.

Si desea leer la nota en inglés, haga clic aquí.

Traducción: Valeria Agis

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