Adolescente musulmán protesta contra las elecciones en una forma muy singular: ganando concursos de robótica

Adolescente musulmán protesta contra las elecciones en una forma muy singular: ganando concursos de robótica

Mientras miles de manifestantes salieron a las calles de Los Ángeles después de las elecciones, Zaina Siyed se encontraba 50 millas al este de la ciudad, en Rialto, escenificando su propio acto de resistencia en un gimnasio de una escuela secundaria. 

Sobre una grada, junto a una fila de chicas vestidas con hijabs de color púrpura, la joven de 16 años de edad y residente de Chino Hills estaba sentada; una entrenadora nerviosa esperando escuchar los resultados de una competencia de robótica. 

FemSTEM, el equipo creado por ella, está compuesto por ocho competidoras novatas, con edades entre los 10 y los 14 años. Siyed las reclutó y había recaudado el dinero en una campaña en línea para cubrir los gastos necesarios para competir: camisetas para el grupo, cuotas de inscripción y equipo.

“¿Cómo hace una chica musulmana apasionada por la tecnología para motivar a sus hermanas en la comunidad a aceptar el maravilloso mundo de STEM?”, escribió en su discurso para obtener donaciones, en referencia al estudio de la ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. 

También buscó hacer una declaración política. 

La temporada electoral la había motivado. El día de las elecciones había transmitido NBC en su laptop y CNN en su tableta, y compartió sus reacciones en Snapchat con sus amigos musulmanes. 

Zaina y sus amigas “tenían este sentimiento de pánico que se apoderaba de ellas”, afirmó. No querían ver a los musulmanes estadounidenses victimizados por quienes votaron a favor del derecho de diseminar odio; no deseaban que las únicas representaciones públicas de mujeres musulmanas sean las de aquellas oprimidas, o  cómplices del terrorismo. 

“Sé que al realizar este programa de robótica puedo intentar cambiar las cosas poco a poco”, aseguró Zaina. “Es hora de centrarnos y presentarnos a nosotras mismas bajo la mejor luz”.

Las esperanzas no eran muy altas para las chicas de FemSTEM, novatas de la competencia en un campo de 20 equipos. Así como habían comentado a los jueces desde el inicio de la competencia de un día, antes de unirse a FemSTEM en julio pasado, la mayoría de ellas no habían tocado, y mucho menos programado, un robot. 

Su creación, llamada Rujellalley (la versión fonética de la palabra árabe para robot), era simple: un “cerebro” conectado a cuatro ruedas, con una delgada capa de piezas de Lego para proporcionar estabilidad.

Era un David en comparación con algunos de los robots tipo Goliat de los otros equipos, con un pie y medio de altura, equipados con accesorios complejos y programados para completar varias misiones a la vez. 

Entre los objetivos claves de la competencia de robótica First Lego League, está el permitir que los jóvenes de 9 a 14 años se pongan en los zapatos de los científicos y utilicen los conceptos de matemáticas y ciencias en problemas del mundo real, demostrando el trabajo en equipo y la resolución de éstos. El tema del concurso este año fue “Aliados animales”.

El objetivo era construir y programar un robot que pudiera moverse por sí solo alrededor de una colchoneta grande compuesta por diferentes “entornos”, cada uno con animales o personas que necesitan la ayuda del robot. En uno de los lugares, el robot debía empujar un tanque de tiburones hacia el lugar correcto en el océano. En otro, debía recolectar trozos de alimentos y llevarlos al hábitat correcto.

La estrategia de FemSTEM no era completar más misiones, sino completar algunas y hacerlo bien. “Están demostrando que la simplicidad funciona”, aseguró Zaina.

Durante tres meses antes del gran día, las jóvenes se reunieron al menos una vez a la semana, en ocasiones dos, en Institute of Knowledge, una mezquita y escuela islámica en Diamond Bar. Se quitaban sus zapatos antes de caminar sobre la gruesa alfombra roja de la sala de oración que también funcionaba como salón de clases.

Como entrenadora, Zaina seguía cuidadosamente las reglas, liderando por medio de la orientación, pero nunca dando a las chicas una respuesta negativa. Su papel como entrenadora fue proporcionar las herramientas y el entrenamiento para que puedan tener éxito de forma independiente, detalló. “Mi objetivo es encontrar el equilibrio entre el papel de maestra y el de una hermana mayor”.

Durante las prácticas, Zaina esperaba que su equipo trabajara de forma rápida y eficiente, mientras construían un robot básico que pudiera moverse en línea recta. Ella hacía observaciones y les daba consejos; a veces se ponía un poco impaciente. “Ahora mismo, básicamente están siendo perezosas”, les dijo en una sesión de septiembre, luego de que las chicas hubieran demorado más de una hora para hacer un mínimo progreso. “Ustedes han hecho esto una y otra vez. Solamente tienen que volver a aplicar lo que ya conocen”. 

Zaina dijo que no sabía de ningún otro equipo de jóvenes musulmanas que hubiera competido en un evento de First Lego League en los Estados Unidos. Los organizadores señalaron, por su parte, que no estaban seguros puesto que no recopilan información sobre las religiones de los participantes.

Primeras o no, las integrantes del equipo FemSTEM afirmaron que a menudo sienten el peso de representar el futuro de la comunidad musulmana. Salma Rashad, de 14 años, es estudiante de primer año en Diamond Bar High School, en una comunidad con una gran población oriental y particularmente del sudeste asiático. Ella no lleva puesto un hijab, por lo cual destaca menos que sus amigas, expresó, pero todavía está acostumbrada a ser percibida de forma diferente debido a su fe.

“Si haces algo malo, las personas te recordarán. Si haces algo bueno, las personas también te recordarán”, afirmó el día de la competencia. “Asegurarnos que siempre debemos comportarnos de la mejor manera es una carga para nosotras”.

La integrante del equipo FemSTEM Sarah Khalid reúne piezas de Lego durante una práctica realizada en septiembre, mientras ayuda a formar un vehículo robótico.

Los objetivos de Zaina para las chicas eran tan poderosos que la estudiante del onceavo grado de Diamond Bar halló tiempo para ser entrenadora, incluso con cuatro clases Avanzadas de nivel universitario y sus funciones como capitán del equipo de tenis estudiantil de la escuela. Su deseo es que el mundo sepa que las jóvenes musulmanas pueden ser mujeres fuertes, inteligentes y con carreras exitosas, y que tienen el apoyo de sus padres y comunidades.

“La atención se concentrará sobre esta comunidad”, adelantó Zaina. “Estamos listas para trabajar y salir de estas percepciones negativas”. 

Pero el día de la competencia, a su madre le preocupaba que quizá no fuese el momento adecuado para hacer una declaración tan pública. Cuando Shazia Siyed, la madre de Zaina y asistente del equipo, llegó a Rialto Middle School esa mañana, dijo que estaba nerviosa de llevar a nueve jovencitas de tez morena, seis de ellas con su cabezas cubiertas. Había estado nerviosa desde la noche de las elecciones.

Mientras las chicas comenzaron a instalarse, la mujer buscó a los organizadores y les preguntó qué hacer si alguien se acercaba al equipo y les decía algo negativo. Se le dijo que no se preocupara, que ellos estaban allí para apoyarlas. 

Más tarde en el día, mientras otra madre ayudaba a algunas de las jóvenes a encontrar un lugar para orar durante un descanso, la madre de Zaina sintió un gran alivio cuando colocaron sus alfombrillas rojas de oración a unas 100 yardas de la zona de práctica. No estaban tratando de ocultarse, pero estaba contenta de que fueran discretas y de que ningún otro padre de familia o chico hiciera un comentario.

Dentro de la sala multiusos, los equipos se turnaban para probar sus robots durante los ensayos de práctica. Mientras las jóvenes batallaban para hacer que su robot recopilara las fichas que necesitaría levantar, un papá de otro equipo insinuó que, si hacían más lento al robot durante una vuelta, eso ayudaría. Ellas tomaron su consejo y funcionó. 

En un momento, dos mujeres que acompañaban a otro equipo de una escuela diferente detuvieron a Zaina y le preguntaron de dónde eran. Una de las mujeres las elogio por sus hijabs y ‘bandanas’ de color púrpura. “Las queremos, chicas”, le dijo a Zaina. Su madre se sentía aliviada. “Estaba tan nerviosa... Estaba esperando lo peor”, dijo Siyed. “Es bueno saber que reaccioné de manera exagerada”. 

Zaina se limitaba a mirar, con sus brazos cruzados y su rostro crítico, mientras los padres de familia de otros equipos realizaban pequeñas correcciones y ajustes a los robots de sus hijos entre las rondas. 

En cuanto a su equipo, ahora estaban por su cuenta.

En la sección de “valores fundamentales” del evento, al equipo se le concedieron cinco minutos para construir algo con Legos que las representara. Las chicas construyeron una mezquita, con una cúpula y minarete. Les comentaron a los dos jueces que la inspeccionaron sobre su entrenadora de 16 años de edad, y la forma en cómo ellas les había enseñado a construir y programar robots en una mezquita de Diamond Bar. “Parece que tienen a una buena entrenadora”, afirmó un juez.

Mientras FemSTEM competía en otra ronda, en la que debieron explicar cómo diseñaron su robot, un hombre blanco de mayor edad se acercó a Zaina y le preguntó si ésas eran sus chicas. Ella respondió afirmativamente. Entonces el hombre le dijo que la elección había sido un retroceso.

“Las jovencitas van a apoderarse del mundo”, aseguró. Ella sonrió y estuvo de acuerdo: “Sí, comenzando por estas chicas”. 

Había sido un día largo, y después de más de siete horas de competencia, los equipos finalmente se reunieron para la ceremonia de clausura.

Al principio, mientras se anunciaban los premios para las diferentes categorías, las niñas, sentadas en las gradas, se miraron a los ojos; parecían decepcionadas. Su robot no había tenido tan buen desempeño como esperaban y sus posibilidades de avanzar al campeonato estatal en Legoland parecían desvanecerse. 

Entonces, una de los jueces tomó el micrófono para presentar el premio mayor, para el mejor rendimiento general. Cindy Muñoz afirmó a los equipos y a sus familiares lo impresionada que había quedado por el grado de conocimiento de estos equipos; dijo que ella misma estaba trabajando para conseguir una maestría en seguridad cibernética y, por lo tanto, estaba especialmente orgullosa de presentar el premio a un equipo lleno de jovencitas que serían el futuro de la ciencia.

Las chicas de FemSTEM comenzaron a verse unas a otras, con sus ojos cada vez más abiertos. Solamente había dos equipos femeninos en la competencia. 

Lo próximo que supieron fue que la jueza pronunciaba el nombre de su equipo. Las chicas saltaron de sus asientos mientras Zaina lloraba, con sus ojos rojos y sus manos temblorosas. Desde el piso del gimnasio invitaron a su entrenadora a unirse a ellas para la entrega del trofeo. 

Más tarde, Zaina buscó a Muñoz para darle las gracias. Se abrazaron, ambas con lágrimas en los ojos. “Como una mujer dentro del área STEM... [Estoy] orgullosa y esperanzada por la próxima generación”, afirmó la jueza del certamen. “Estoy tan emocionada de ver a las mujeres, las minorías y las chicas musulmanas desafiar los puntos de vista que tienen algunas personas”.

Zaina ahora dice que sus sueños crecen más allá de las fronteras de su propia comunidad. En el futuro, no sólo quiere entrenar a musulmanes, aseguró, sino a cualquier chica afroamericana o morena. La retórica de las elecciones fortaleció sus convicciones, aseguró. Pero incluso sin que eso hubiera ocurrido, “ella habría hecho esto de cualquier modo”.

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Traducción: Diana Cervantes

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