Aceptó trasladar a un adolescente por $600, pero fue arrestado y acusado de contrabando de personas

Aceptó trasladar a un adolescente por $600, pero fue arrestado por contrabando de personas

La pesada sensación de que algo andaba mal no azotó a Jesús Arreola Robles sino hasta la medianoche, justo después de pasar al lado de un camión del Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza de los EE.UU., en el desierto, cerca de la frontera. 

Unos minutos más tarde, los funcionarios de inmigración esposaron al residente de North Hollywood, de 22 años y beneficiario del programa conocido como Acción Diferida para Llegadas en la Niñez (DACA), que fue implementado por el gobierno de Obama. Los agentes lo acusaron de tratar de ingresar a alguien sin permiso en el país. 

Pero el relato de Arreola Robles acerca de la cadena de eventos que llevaron a su arresto -y posible deportación- el 12 de febrero pasado es aún más extraño que la versión de la Patrulla Fronteriza.  Ahora, el joven espera que todo se aclare. 

Funcionarios de la patrulla afirmaron que detuvieron a Arreola Robles y a un joven de 17 años de edad mientras ambos iban en un vehículo por la Autopista 94, en Campo, California, a una milla de la frontera de los EE.UU. y México. Arreola Robles estaba al volante, precisaron. 

En una entrevista realizada esta semana con The Times, Arreola Robles, quien quedó libre tras pagar una fianza, aseguró que pensaba haber recogido a un pasajero, no que se trataba de una situación de tráfico de personas. También expresó que su pasajero, quien terminó siendo deportado, es el culpable de su situación actual. 

Conforme el relato de Arreola Robles, él estaba cuidando a sus tres hermanas menores esa noche, cerca de las 7:30 p.m., cuando recibió una llamada de un amigo, quien le dijo que su primo necesitaba un aventón ida y vuelta desde Sun Valley al área de San Diego. Arreola Robles, quien trabaja para Uber y Lyft, a menudo hace viajes ‘en negro’ para sus amigos. Así, acordaron que $600 dólares en efectivo era un precio justo por el transporte.  

Arreola Robles no conocía al primo de su amigo, un joven de 17 años llamado Luis. El pasajero le contó que necesitaba recoger a su tío y primo en una casa cerca de San Diego. Los oficiales de la Patrulla Fronteriza confirmaron que Luis es el segundo nombre del adolescente. 

Luis colocó en el GPS del celular de Arreola Robles la dirección, y ambos partieron en el Toyota Camry 2014 de este último. Durante el recorrido, el adolescente relató que había estado en el país solo por tres semanas. En un momento, Luis le dijo a Arreola Robles que su teléfono no funcionaba y le preguntó si podía usar el suyo. Así, hizo un par de llamadas, pero no obtuvo respuesta y dejó un mensaje de voz. 

El par condujo durante más de tres horas y media, hasta el desierto. Cuando pasaron al lado de un camión de la Patrulla Fronteriza estacionado, Arreola Robles pensó: “Bueno, esto es raro”. 

Poco después, Luis le dijo que habían llegado y que se acercara a la acera. En la oscuridad, Arreola Robles divisó la sombra de una persona. Luis salió del vehículo y caminó hacia la figura; era un agente de la Patrulla Fronteriza. 

Desde el interior del coche, Arreola Robles escuchó al agente preguntarle a Luis: “¿Qué hacen ustedes aquí?”. El adolescente se volvió y señaló el auto. 

El oficial se dirigió hacia Arreola Robles y le preguntó lo mismo. La respuesta fue que Luis le había pedido un aventón. En español, el agente le preguntó a Luis dónde lo habían recogido. Él respondió: “Aquí, cerca de El Cajón”. 

El oficial entonces volvió a Arreola Robles: “¿Cuántos más?”. El conductor dijo: “No sé; ¿de qué me está hablando?”. 

Allí mismo el agente los esposó a ambos y los puso en la parte trasera de su camión. No hablaron; Arreola Robles estaba furioso con el adolescente, pero pese a todo mantuvo la calma y asumió que la situación se resolvería pronto. 

Recién a la mañana siguiente, luego de haber declarado ante oficiales de inmigración y firmado documentos para comparecer ante un juez, se dio cuenta de que no saldría de allí rápidamente. Los oficiales nunca le preguntaron directamente si estaba tratando de ingresar sin permiso al país a una persona. “Perdí todo”, afirmó. “Y nunca me pagaron por ese viaje”. 

Arreola Robles fue trasladado a otro centro de detención en San Diego, luego a uno en Arizona, y finalmente a otro en Folkston, Georgia. El 3 de marzo pasado fue liberado, después del pago de una fianza de $2,500. 

Funcionarios de la Patrulla Fronteriza afirmaron que Luis solicitó voluntariamente un regreso a México, que se le concedió. 

El abogado de Arreola Robles, Joe Porta, dijo que los documentos de la Patrulla Fronteriza carecen de detalles y tienen incoherencias. Además, explicó que la acusación se basa en la declaración no verificada de un testigo deportado, y que tratará de que ésta sea descartada. 

Porta manifestó también que la Patrulla Fronteriza declaró en los documentos haber detenido a un grupo de cuatro personas cerca de Arreola Robles y Luis, y que alguien había tenido “comunicación celular” con el teléfono de Arreola Robles. La Patrulla Fronteriza no respondió la solicitud de confirmación realizada por este periódico. 

El abogado aún se pregunta cómo el adolescente obtuvo la dirección que colocó en el GPS de su cliente. Arreola Robles cree que Luis se acercó al agente porque pensó que se trataba de su tío, pero no está seguro de por qué le mintió a las autoridades acerca de dónde lo habían recogido. 

“No tiene documentos, tiene 17 años, es menor de edad y lo atraparon cerca de la frontera”, afirmó Porta. “En mi experiencia, cuando la gente es detenida, el pánico los hace balbucear cualquier cosa, porque tienen miedo y creen que eso es lo que [los agentes] quieren oír. Pero la verdadera causa de por qué dijo eso, la desconozco”. 

Los padres de Arreola Robles lo trajeron a los EE.UU. sin autorización, desde su México nativo, cuando el pequeño tenía un año de edad. Bajo el programa DACA, él recibió en 2012 su permiso de trabajo. Esa acción ejecutiva del gobierno de Obama puso un alto en las deportaciones de aquellas personas que ingresaron al país siendo niños y permanecían aquí indocumentados. Los beneficiarios deben cumplir con ciertos requisitos, entre ellos no haber sido condenados por un delito grave, ni faltas graves o múltiples, y no representar una amenaza para la seguridad pública o nacional. 

El único delito anterior de Arreola Robles era una multa por exceso de velocidad. El joven tenía dos empleos, uno en el bar de ensaladas del hotel Chateau Marmont, en West Hollywood, y como conductor. Con sus ingresos paga la mitad de la renta de su casa familiar y ayuda al cuidado de su hermana de 16 años, severamente discapacitada.

Sus otras hermanas tienen 12 y 7 años. Las tres son ciudadanas estadounidenses. 

Los agentes de inmigración confiscaron su auto -que aún está pagando- y su teléfono. El Servicio de Ciudadanía e Inmigración de los EE.UU. le informó el 1 de marzo que su estatus del programa DACA había sido revocado. 

Porta estima que Arreola Robles tiene un caso fuerte y, según él, el juez considera que el joven es creíble. También afirmó que el magistrado estableció una fianza de $2,500, considerablemente baja para el promedio en arrestos cerca de la frontera. Según el letrado, el mínimo que un juez puede imponer es de $1,500. 

También espera que la próxima audiencia de Arreola Robles se desarrolle en los próximos dos a cuatro meses. Su plan es pedir una cancelación de deportación basada en las dificultades que los padres del joven, quienes ahora son residentes autorizados, podrían sufrir al no contar con su ayuda para mantener a su hermana discapacitada. Si Porta triunfa, Arreola Robles podría pasar de ser arrestado a tener una tarjeta verde.

Si desea leer la nota en inglés, haga clic aquí. 

Traducción: Valeria Agis

Copyright © 2017, Hoy Los Angeles, una publicación de Los Angeles Times Media Group
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