Luego de un devastador ataque terrorista en su universidad, estos estudiantes afganos vuelven a clases

Luego de un devastador ataque terrorista en su universidad, estos estudiantes afganos vuelven a clases

Siete meses después de que un ataque insurgente destrozara su oasis en una de las capitales más turbulentas del mundo, los estudiantes de la American University of Afghanistan regresaron a clases en un entorno mucho más seguro. 

El campus principal y un segundo complejo de la universidad fueron reforzados con muros de hormigón antiexplosiones y puertas a prueba de balas, y los edificios que fueron atacados el verano pasado han sido equipados con puertas de acero, junto con escritorios, pizarras blancas y alfombras nuevas.

Tal vez el mayor cambio es que guardias de seguridad privada -los cuales habían sido prohibidos en Afganistán en 2010 para frenar el mal uso de las armas- patrullarán el campus, al oeste de Kabul, bajo un acuerdo especial con el gobierno. 

Las medidas intentarán proteger el que se consideraba como uno de los enclaves más seguros de Afganistán, una universidad privada mixta al estilo estadounidense, con más de 1,700 alumnos.

“Estamos comprometidos con el pueblo afgano y nos dedicamos a brindar educación de calidad a nuestros estudiantes”, expresó Zubaida Akbar, directora de comunicaciones de la universidad. “Es por eso que hemos regresado, y más fuertes que antes”. 

En agosto pasado, mientras las clases estaban en sesión una tarde, un terrorista suicida y dos pistoleros irrumpieron en la universidad financiada por los Estados Unidos y mataron a 13 personas; siete estudiantes, un profesor, dos guardias de seguridad y tres miembros de las fuerzas de seguridad afganas. La universidad se cerró de inmediato.

Ningún grupo se atribuyó la responsabilidad del ataque, pero el presidente interino de la universidad, David Sedney, y otros funcionarios, culparon a militantes talibanes. 

La universidad, fundada hace una década con fondos de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional -la cual también financió muchas de las recientes mejoras de seguridad- se destaca como uno de los símbolos más benignos de la participación estadounidense en Afganistán desde la invasión militar de 2001.

Más del 90% de los estudiantes reciben algún tipo de ayuda financiera, y el 40% de ellos tienen becas completas. 

A medida que las condiciones de seguridad empeoraron en los últimos años tras la retirada de la mayor parte de las tropas estadounidenses e internacionales en 2014, la universidad se convirtió en un blanco más importante. Dos semanas antes del ataque de agosto, dos miembros del personal, un estadounidense y un australiano, fueron secuestrados en su automóvil y su paradero aún se desconoce.

Roya Mahtabi, una psicóloga que se ha reunido con estudiantes y miembros del personal en los últimos dos meses, manifestó que han reconocido secuelas emocionales a raíz del ataque. Algunas personas evitan ciertos edificios o caminos mientras se preparan para la reanudación de las clases, precisó.

Entre los más traumatizados figuran los miembros del personal de limpieza, muchos de los cuales no estaban en el campus durante el ataque pero al día siguiente fueron llamados al lugar para limpiar el sitio ensangrentado, detalló Mahtabi.

En los meses posteriores al ataque, los administradores intentaron mantener a los estudiantes comprometidos con el aprendizaje. Para ello, lanzaron un semestre en línea en el cual más de la mitad de la alumnos participó, y solicitaron comentarios sobre un nuevo logo para la universidad. El equipo de debate viajó a India para un torneo llevado a cabo en octubre, y el mes pasado los alumnos de derecho obtuvieron el segundo lugar entre 17 universidades en una competencia de simulación de juicios realizada en Kuwait. 

Farahnaz Roman, una estudiante de derecho y miembro del equipo de simulación de juicios, se sintió satisfecha de haber podido continuar con su educación mientras las clases estaban suspendidas. “Quería demostrar que el incidente no afecta nuestro programa ni nuestros planes”, dijo. 

Roman, de 22 años de edad, quien cuando era adolescente vivió como refugiada en Pakistán, expresó que se conmocionó cuando recibió un correo electrónico, poco después del ataque, que indicaba que la escuela quedaba cerrada hasta nuevo aviso. “Fue un shock para mí y mis amigos, porque no teníamos idea de qué pasaría con nosotros”, aseguró. “Estoy en mi último semestre y otros están en mitad de sus carreras”.

Los alumnos enviaron correos electrónicos y llamaron a los docentes y administradores constantemente, a la espera de que se reanudaran las clases. Algunos jóvenes abandonaron sus estudios, pero la gran mayoría tienen previsto volver para un semestre completo de 16 semanas, expresó Akbar.

Tras el ataque, algunos exmiembros del personal resaltaron que habían expresado preocupaciones acerca de la falta de seguridad, como la ausencia de muros de hormigón alrededor del campus -que rodean la mayoría de los edificios de alto perfil en Kabul-. Junto con los nuevos muros, los administradores expresaron que el personal de seguridad de la universidad trabajará más estrechamente con las agencias gubernamentales afganas e internacionales para compartir información sobre posibles amenazas.

En 2010, el entonces presidente afgano Hamid Karzai prohibió las empresas de seguridad privadas y estableció una unidad de seguridad dependiente del Ministerio del Interior de esa nación para proteger a las empresas e instituciones, a cambio de un pago. Miembros de dicha unidad, la Fuerza de Protección Pública Afgana, protegían el campus en el momento del ataque. 

El sucesor de Karzai, el presidente Ashraf Ghani, emitió ahora una exención que le permite a la universidad contratar a una fuerza de seguridad privada, explicó Sedney.

El estudiante de derecho Ahmad Karimi, de 25 años de edad, espera que el trauma sufrido por los alumnos sea temporal. “Los terroristas pueden atacar en cualquier parte y en cualquier momento, incluso en los lugares más seguros”, dijo. “Así que, si la muerte está en nuestro destino, no hay manera de escapar. Pero es mejor no pensar en ello”.

 

Traducción: Diana Cervantes

Para leer esta historia en inglés haga clic aquí 

 

 

 

 

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