La ‘educación del sueño’ debe incluirse en la discusión sobre el horario de clases

La ‘educación del sueño’ debe incluirse en la discusión sobre el horario de clases

¿Los adolescentes saben cómo dormir? Si es padre de uno, se estará riendo solo: eso es lo único que saben hacer. En verdad, los adolescentes (y sus padres) podrían no saber lo suficiente acerca de cómo dormir, cuándo y por qué.

California considera un proyecto de ley que requeriría que las escuelas secundarias comiencen no antes de las 8:30 a.m. Como neurólogo especializado en medicina del sueño, apoyo la iniciativa de dar a los adolescentes de nuestro estado más tiempo para dormir. Pero en todas las discusiones y debates sobre las implicaciones económicas y de salud acerca de retrasar la hora de entrada a clases, me he dado cuenta de que falta un elemento muy importante: la educación del sueño.

Una cosa es suponer que comenzar las clases más tarde conducirá a más horas de sueño, y otra es brindar a los niños y padres la educación que necesitan sobre por qué es tan importante dormir, cuánto deben dormir los adolescentes y qué pueden hacer las personas de todas las edades para obtener más y mejor calidad de sueño.

Los adolescentes requieren de ocho a 10 horas de sueño por noche, pero los horarios escolares actuales permiten alrededor de siete. Los críticos del proyecto de ley preguntan si comenzar la escuela más tarde realmente contribuirá al sueño de los adolescentes, o si los alentará a dormirse incluso más tarde. Mientras que estudios preliminares y pequeños hallaron que retrasar la hora de entrada a clases realmente se correlaciona con más horas de sueño, mejor rendimiento académico y mejor salud, la preocupación no es infundada.

Los adolescentes son criaturas sociales, y el lugar de “reunión” social más atractivo en estos días está en sus dispositivos digitales. La exposición a la luz azul de las pantallas de nuestras computadoras, televisiones y teléfonos tiene un profundo efecto en nuestros ritmos circadianos, o relojes internos, lo cual retrasa el inicio del sueño. Idealmente, debemos evitar la luz azul durante al menos media hora antes de acostarnos. Pero las redes sociales, junto con la tarea que requiere tiempo de pantalla, significa que muchos niños están manipulando sus dispositivos cuando sus cuerpos deberían estar descansando por la noche.

Si vamos a hablar en serio acerca de dar a los adolescentes más horas de sueño, necesitamos educarlos a ellos, y a sus padres, sobre cómo funcionan los ciclos de descanso.

Del mismo modo que nos centramos en nuestras dietas y hacemos ejercicio para la salud, debemos considerar el sueño como una parte integral de nuestra salud mental, física y psicológica. El “buen” sueño es suficiente para permitirle al cerebro eliminar las proteínas tóxicas que son subproductos de la actividad neuronal diurna.

Mantener los horarios constantes para irse a la cama y despertar son clave para nuestros ciclos de sueño. Cuando ello se interrumpe, nuestro sueño se ve afectado y nuestros cerebros no tienen la oportunidad de ‘limpiar la casa’. Con el tiempo, la falta de sueño conduce a una disminución en la cognición, el estado de ánimo y la salud en general.

La privación del sueño entre los adolescentes es un problema social tan apremiante que la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño lo abordó en su conferencia anual, en junio pasado. Las estadísticas compartidas allí fueron sorprendentes. Por ejemplo, los chicos somnolientos son casi tan mortales detrás del volante como los alcohólicos.

La falta de sueño también contribuye a una serie de problemas médicos, desde la obesidad hasta las enfermedades cardíacas. Significativamente, cuando hablo con mis pacientes adultos que luchan con sus problemas de sueño, casi todos dicen que estos comenzaron durante la escuela secundaria.

Despertarse demasiado temprano para llegar a clases es sólo una parte de la ecuación. También contribuyen con los problemas el acostarse y cenar demasiado tarde, dormir siestas, despertarse tarde el fin de semana y no hacer suficiente ejercicio. En otras palabras, estas personas nunca aprendieron a dormir.

Entonces, aunque apoyo el proyecto de ley para cambiar los horarios de inicio de las clases, creo que éste debe incluir un componente educativo que explique por qué se produce el cambio. De lo contrario, no resolveremos necesariamente los problemas de salud, seguridad y económicos de los adolescentes somnolientos.

Simplemente presionaremos el botón de repetición de la alarma, y nos ocuparemos de ello más tarde.

El Dr. JAY PUANGCO se especializa en medicina del sueño en el Hospital Hoag.

 

Traducción: Diana Cervantes

Para leer este artículo en inglés, haga clic aquí

 

 

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