En UC Berkeley, una estudiante conservadora busca reducir la brecha política

En una tarde reciente en UC Berkeley, los estudiantes liberales y conservadores discutieron durante casi una hora sobre el cuidado de la salud, la política económica y el cambio climático.



No había un oficial de policía, ni un guardia de seguridad, ni un alborotador a la vista. Nadie agitaba carteles de protesta.

Los observadores aplaudieron cortésmente.

En el epicentro de las luchas de libertad de expresión del país, las personas que no compartían los mismos puntos de vista habían logrado tener un debate político civil.
 
Fue precisamente ese momento con el que Celine Bookin soñó este otoño cuando lanzó la Berkeley Conservative Society e invitó a los Cal Democrats a enfrentar a su nuevo grupo en una serie de debates de un año.



“Quería revitalizar el enfoque de la decencia y el discurso político”, señaló la estudiante de ciencias políticas, de 19 años de edad y oriunda de Manhattan Beach. “Sentí en el campus... hay un alto nivel de veneno sólo por la falta de diálogo”.
 
Bookin solía ser miembro del club Berkeley College Republicans (BCR), cuyo evento con el provocador de derecha Milo Yiannopoulos fue cancelado por las violentas protestas registradas en febrero pasado.

Los College Republicans invitaron más tarde a Ann Coulter y Ben Shapiro, y la seguridad para ellos y para otra visita de Yiannopoulos terminó costando a UC Berkeley más de $2 millones.

Bookin no critica a los College Republicans, pero afirma que se fue de la agrupación para iniciar su propio club, porque sus prioridades son diferentes.

“BCR está más enfocado en traer oradores y abogar por la administración de Trump, lo cual está muy bien”, comentó la joven, quien no votó por el actual presidente. “Honestamente pienso que mientras más clubes políticos en el campus, mejor”.



Para los debates de su nuevo club, Bookin reclutó al estudiante de último año Caiden Nason, de Victorville, un compañero de ciencias políticas y miembro de Cal Democrat. En la última carrera presidencial, él respaldó al senador Bernie Sanders. 

Ella tenía los ojos puestos en el senador Ben Sasse, un republicano de Nebraska. Los amigos no están de acuerdo en la mayoría de los temas políticos, pero ambos comparten una profunda creencia, aseveró Bookin, en la importancia de la libertad de expresión.
 
Tanto Nason como Bookin manifestaron que la tensión política en Berkeley comenzó a aumentar el año pasado. Cuando los College Republicans instalaron una mesa de información en el campus, los estudiantes los interrumpieron, rompieron sus carteles y destruyeron el recorte de cartón de Trump.



En un debate entre los clubes republicanos y demócratas, un miembro conservador de la audiencia se levantó varias veces para atacar los puntos de vista de uno de los Cal Democrats, relató Nason, y molestó a uno de los participantes del debate después del evento al continuar reprendiéndolo y enfrentándolo.
 
A Nason los conservadores del campus a veces lo llaman anarquista. Por otro lado, comentó, algunos estudiantes liberales piensan que todos los republicanos son fascistas.

Todo ello hizo que fuera importante trabajar con Bookin para cerrar la creciente brecha, indicó.



En el debate inaugural, las dos partes no sólo fueron respetuosas entre sí, sino que incluso encontraron un terreno común.



Cuando el demócrata Clay Halbert señaló que el gobierno necesitaba enfrentar el cambio climático porque el problema era demasiado urgente para dejarlo completamente a la deriva, los conservadores estuvieron de acuerdo.
 
“Creo que tienes razón sobre eso en algunos casos”, afirmó la estudiante de primer año Mary Carmen Reid, quien agregó luego que su equipo también acepta que el carbón era “realmente malo para el medio ambiente”.



Cuando Reid propuso el fin de los subsidios al maíz, Halbert respondió: “No creo que encuentre ningún desacuerdo aquí”.



Debatir con personas con puntos de vista diferentes, afirmó Bookin, la ayuda a refinar sus propios pensamientos. Su educación política comenzó cuando era niña en una familia republicana y leía extensamente además de emprender animados debates políticos en la mesa.

“Hablábamos bastante sobre la agresión rusa y sobre cual podría ser la gran estrategia de Putin”, contó Bookin.

En la escuela privada Brentwood School, a la cual asistió, Bookin encontró “maestros increíbles” que despertaron su interés en la política y los asuntos mundiales.

Comenzó a hacer caricaturas políticas, participó en un Modelo de Naciones Unidas y organizó debates estudiantiles. También jugó tenis universitario, compitió en la Olimpiada de Ciencias y logró alcanzar un promedio de calificaciones de 4.43. Finalmente, dijo, quiere ingresar al sector de servicio público.
 
La experiencia del pequeño negocio de su familia, combinada con su propia investigación, dijo, la llevó a abrazar mercados libres y una regulación gubernamental mínima. 

Obamacare presionó a su abuelo para que se jubilara anticipadamente como dermatólogo, relató, porque agregó burocracia e hizo que perdiera pacientes cuando las primas subieron.

Cuando discute con otras personas que no comparten sus puntos de vista, dice, trata de atenerse a los hechos y escuchar con “comprensión y empatía”.

Sobre el aborto, puede ver los dos lados de la cuestión; en cuanto al matrimonio homosexual, los tribunales ya han resuelto el tema.
 
La joven cree que el camino a seguir para los republicanos y para el país es “buscar amigos y colegas que puedan tener puntos de vista diferentes y entablar una conversación con ellos”.



Nason le atribuye a su compañera el alivio de la tensión en el campus y ayudar a las personas con diferentes puntos de vista a hacer conexiones. “Todos mis nuevos amigos son republicanos”, dijo. “No todos son nacionalistas, y son absolutamente inteligentes”.



A algunas personas no les gusta ver que individuos de lados diferentes “puedan llevarse bien”, confió Nason. “Están más interesados en las peleas que ocurren en las márgenes. Pero ésta es la verdadera historia”.
 

Traducción: Diana Cervantes

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