Cuando se trata de educación universitaria asequible, el Tennessee conservador supera a la llamada California progresista

Los activistas y políticos demócratas de California hablan mucho acerca de ser progresistas. Pero en algo son francamente conservadores en comparación con el Tennessee de la derecha más dura.

Los habitantes de Tennessee votaron ampliamente, aproximadamente el 61% de ellos, a favor del presidente Trump. También están a punto de proporcionar educación gratuita en los colegios comunitarios para cualquier residente del estado que lo desee. Eso es verdaderamente progresista.

Los californianos votaron masivamente, casi el 62% de ellos, por Hillary Clinton. Y durante décadas el estado marcha hacia atrás en cuanto a la educación universitaria asequible. En realidad, no somos tan progresistas como muchos izquierdistas desean creer.

Antes de 1984, California no cobraba cuotas en los colegios comunitarios. Entonces, la Legislatura autorizó el cobro de $5 dólares por unidad. Eso ha aumentado gradualmente y ahora llega a los $46. Si consideramos 15 unidades por semestre, entonces el total es de $1,380 por año escolar. Sí, es una ganga, pero también es un total difícil para muchas personas pobres.

Las cuotas son exoneradas para aproximadamente la mitad de los alumnos, porque sus ingresos familiares son demasiado bajos. Sin embargo, aun así hay gastos en libros costosos, suministros y quizás hasta vivienda.

Nadie realmente debería tener que pagar una cuota en un colegio comunitario. California lo logró durante décadas; y ahora Tennessee lo está haciendo. 

También, a partir de este mes, lo estará haciendo San Francisco. Los colegios comunitarios serán gratuito para los residentes de la ciudad, y se solventarán con el dinero de los impuestos.

Pendiente en el Senado estatal se encuentra un proyecto de ley que daría un paso significativo hacia un colegio comunitario libre de matrícula en todo California y llevaría al estado hacia una educación superior pública más asequible. El proyecto AB-19 condonaría las cuotas de todos los estudiantes de primer año a tiempo completo de colegios comunitarios que cursen por lo menos 12 unidades.

“Los colegios comunitarios tienen que ser gratuitos”, afirmó el autor del proyecto, el asambleísta Miguel Santiago (D-Los Ángeles). “No hay razón para que no lo sean. Si California va a competir en la economía del siglo XXI, tendremos que romper las barreras de la educación. Debemos hacer algo para incentivar a los estudiantes a asistir a un colegio comunitario”.

Santiago, de 44 años, estudió en un colegio comunitario en Moorpark antes de transferirse a la UCLA. El legislador es, además, exmiembro de la junta directiva del Distrito de Colegios Comunitarios de Los Ángeles.

Pero su proyecto de ley se enfrenta a una dura prueba para llegar al gobernador Jerry Brown antes de que la sesión legislativa del año termine, este viernes. Se lo considera un proyecto de ley de segundo nivel, una herramienta de negociación para los jugadores legislativos que buscan un premio mayor, es decir: “¡Tú quieres eso, entonces dame esto!”.

Además, el Departamento de Finanzas de Brown se opone a la medida. Aunque el sistema de colegios comunitarios fija el costo en alrededor de $32 millones anualmente, los presupuestarios de Brown suponen que podría alcanzar los $50 millones. Eso es demasiado arriesgado en una economía dudosa, exponen.

Tennessee, sin embargo, de alguna manera se las está arreglando. Y su programa es mucho más liberal que la propuesta de Santiago, porque elimina la matrícula  para todos los residentes del estado que aún no hayan obtenido un título.

La proporción republicana de la Legislatura de Tennessee es mayor que la porción demócrata en la de California. Hablemos de supermayorías: el Senado de Tennessee es un 85% republicano y su Cámara de Representantes lo es en un 74%.

El declarado promotor de la educación gratuita en el estado es el gobernador republicano, Bill Haslam, quien les dijo a los legisladores en su discurso del estado en enero: “En cualquier etapa de la vida, la educación superior es fundamental para el Tennessee que podemos ser”.

Esa también solía ser la filosofía de California. Durante generaciones, el “Estado Dorado” no cobró matrícula en la Universidad de California o en las universidades estatales. Todos se beneficiaban.

El gobernador demócrata Pat Brown, padre de Jerry, a menudo es reconocido en la historia revisionista. La verdad es que la universidad gratuita fue creada por gobernadores y legislaturas republicanas.

No fue sólo un programa social amable y feliz; fue una inversión en un motor económico que produjo innovadores y profesionistas calificados para hacer crecer la economía de California. Era en el interés propio del estado lograr que todos fueran tan altamente educados como pudieran; eso ayudó a ampliar la clase media.

¿Qué sucedió entonces? La matrícula se instaló en los planteles en los años 1970 y, desde entonces, subió constantemente. El estado redujo su gasto en educación superior porque asumió otras obligaciones: la compensación de los impuestos locales sobre la propiedad perdidos debido a la Proposición 13, la expansión de la costosa atención médica para los pobres y la construcción de más cárceles.

También, seamos honestos: demasiados administradores universitarios disfrutan de excelentes sueldos y beneficios que no existían en los días libres de matrícula.

Así que aquí estamos: el total de matrícula y cuotas en la UC es de $13,950 al año. En las universidades estatales es de $7,151. Luego sumemos el alojamiento, la alimentación y los libros. 

Un primer año a tiempo completo de colegio comunitario sin ninguna cuota parece ser un buen lugar para empezar a reinvertir.

En total, California tiene 2.1 millones de estudiantes en colegios comunitarios; 900,000 matriculados a tiempo completo, en 114 campus. Muchos se transfieren después a universidades con carreras de cuatro años. Muchos aprenden habilidades laborales y califican para ingresar en empleos bien pagados. Otros simplemente abandonan sus estudios.

Varios colegios comunitarios ya ofrecen algunas matrículas gratuitas, financiadas con dinero privado.

Pero “si continúan las tendencias actuales”, informó el Instituto de Políticas Públicas de California la semana pasada, “California se enfrentará una gran brecha de habilidades para 2030. Habrá 1.1 millones de trabajadores con títulos de licenciatura menos que los requeridos por la demanda económica. No estar al día con la demanda... podría resultar en una economía menos productiva, menores ingresos e impuestos, y una mayor dependencia de la red de seguridad social”.

Algunos exponen el argumento absurdo de que la enseñanza gratuita beneficiaría a los niños ricos. Pero los niños ricos rara vez eligen colegios comunitarios, y crear una burocracia de “prueba de insuficiencia de ingresos” para comprobar la cartera de cada estudiante sería una tontería fiscal.

“Estamos tratando de volver al futuro, a los programas que tenían sentido y que todavía lo tienen”, expresó Santiago. Sí, actualmente tienen sentido en un estado rojo sureño, y debemos seguir su ejemplo.

 

Traducción: Diana Cervantes

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