El estudiante enfocado: barreras emocionales para el aprendizaje

Columna El estudiante enfocado: barreras emocionales para el aprendizaje

Muchas cosas pueden interponerse entre un estudiante y la capacidad de aprender bien. Las causas físicas generalmente son obvias, pero los problemas emocionales y sociales pueden ser grandes obstáculos y son a menudo más difíciles de diagnosticar.

Como educadores y padres, todos debemos recordar que estamos trabajando con un niño “en su totalidad”. Eso significa que no sólo tenemos que enseñar a la mente, sino también al lado social y emocional de los alumnos. Esto puede ser un objetivo en movimiento.

¿Qué niño tenemos en nuestras manos hoy? ¿El chico amable y gentil, el llorón delirante o el hermano tranquilo y huraño? Los cambios de humor no son inusuales entre los adolescentes y preadolescentes sanos, pero generalmente hay un grado de consistencia. Cuando falta la consistencia, o los estados de ánimo son extremos, es hora de mirar más de cerca.

Muchos factores pueden alterar el equilibrio emocional, como se señala en un artículo del 11 de octubre de New York Times Magazine, llamado “¿Por qué más que nunca adolescentes estadounidenses sufren de ansiedad severa?”, escrito por Benoit Denizet-Lewis (excelente lectura, por cierto).

Cuando los chicos están preocupados por la relación de mamá y papá, un pariente o una mascota moribunda, o están siendo intimidados, les resultará muy difícil mantenerse enfocados en sus tareas escolares. Y no hay que subestimar el impacto de percibir la falta de amistad, o el aislamiento. La investigación ha demostrado que la falta de buenas amistades es una de las principales causas de angustia emocional en los jóvenes de hoy.

¿Cuáles son algunas de las señales de que sus hijos pueden tener un problema emocional en lugar de una discapacidad de aprendizaje? Falta de interés en las cosas que solían interesarles, problemas para concentrarse, un cambio abrupto en su grupo de amigos, problemas para dormir o gran inquietud, más enojos o frustración, llegadas tarde a casa sin avisar, una flagrante falta de respeto por las reglas del hogar, aislamiento y, por supuesto, más vinculación con el alcohol y las drogas.

Cuando hay un problema emocional o social que afecta el ámbito escolar, todo el material de ayuda al aprendizaje y tutores no servirán porque no se trata de un problema educativo. Entonces, ¿qué debe hacerse? Un buen primer paso es ponerse en contacto con un consejero escolar, hacerle saber lo que uno piensa y ver si está de acuerdo con base a sus observaciones. Otra alternativa es ponerse en contacto con un terapeuta autorizado, especializado en niños, adolescentes y la familia. La terapia cognitiva puede ayudar a los chicos y adolescentes a comprender qué piensan y sienten, y cómo cambiarlo.

Hallar el terapeuta adecuado no siempre es fácil. Las referencias personales son un buen comienzo, pero lo que funciona para un adolescente no necesariamente sirve para otro, así que no dude en entrevistar a varios hasta que encuentre el adecuado. Déle tiempo al tema; puede tomar algunas semanas  establecer una relación, especialmente si el estudiante no está entusiasmado con ir a un psicólogo. Dicho esto, el terapeuta no debe hacer del paciente un proyecto interminable.

Una vez que se hayan abordado los problemas emocionales y sociales, la educación de su hijo volverá a la normalidad. Los niños son bastante resilientes, pero se sienten mejor con el apoyo, orientación y amor de sus padres.

ROBERT FRANK es director ejecutivo de Hillside School and Learning Center, en La Cañada. Tiene una maestría en ciencias de educación especial y más de 40 años de experiencia docente.

 

Traducción: Diana Cervantes

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