"No creo que sea adicto al sexo. Él es adicto al poder": entrevista con la exasistente de Harvey Weinstein

"No creo que sea adicto al sexo. Él es adicto al poder": entrevista con la exasistente de Harvey Weinstein

Mucho antes de que Harvey Weinstein se convirtiera en el rostro del acoso y abuso sexual a mujeres de parte de hombres poderosos, Zelda Perkins intentó llevar al famoso productor de Hollywood ante la Justicia.

Hace casi dos décadas, Perkins, quien en aquel entonces era asistente de Weinstein en la división británica de Miramax Films, lo acusó de intentar violar a una colega.

Lo confrontó por las acusaciones, hizo la denuncia ante Miramax y terminó firmando un acuerdo de confidencialidad por US$167.000.

Por 19 años, la compañía compró su silencio. Pero ya no más.

En una entrevista exclusiva con la periodista Emily Maitlis del programa televisivo Newsnight de la BBC, Perkins habló del tema por primera vez.

Zelda Perkins: Ahora todos ven a Harvey como esta suerte de monstruo repulsivo. Lo era y lo es, pero creo que lo interesante y lo que quizás no se haya mencionado es que también era una persona extremadamente fascinante, brillante, inteligente y estimulante.

En ese momento (década de 1990) estaba en la cima del juego. Él tenía todas las cartas. Todos acudían a él. Y no me refiero solo a personas dentro de la industria del entretenimiento, sino también a personas de la política, de las grandes empresas y la industria. Estar en ese lugar de privilegio junto a alguien tan poderoso, era muy emocionante.

También era muy desagradable estar cerca suyo. Pero él era un maestro de la manipulación y su estado de ánimo cambiaba muy rápidamente. Uno nunca sabía si era su confidente o si te iba a gritar. Entonces era un ambiente con mucha adrenalina.

¿Cuándo notaste por primera vez que él tenía un problema con las mujeres?

No sé si podría afirmar que noté que él tenía un problema con las mujeres. Creo que, de nuevo, es muy difícil.

Ahora todo el mundo dice: '¿Por qué todos iban a su habitación de hotel?'. Pero no era tan simple. Todos iban al hotel porque ahí era donde hacía negocios, pero no en el dormitorio sino en la sala de la habitación. Tenías representantes y estrellas de cine importantes, tanto hombres como mujeres, entrando a cada hora para reuniones.

Este era su lugar de trabajo. Por lo tanto, ir a su habitación no era algo espurio y extraño.

Sin embargo, tenía muchas reuniones con actrices y claramente tenía novias. Ya sabes, tenía visitantes regulares, que a veces eran aspirantes a actrices y, a veces, actrices muy conocidas. Era evidente que ellas tenían una relación personal bastante íntima con él.

Pero como asistente eso no te compete.

¿Asumiste que esas relaciones eran consensuadas, algo que parecía ser parte de ese mundo?

Sí. Supuse que eran consensuadas, pero era obvio que algunas mujeres eran reacias a reunirse con él. Cuando llamabas para tratar de concretar una reunión, siempre tenían excusas. Harvey entonces se enojaba y hacía amenazas, y te amenazaba a ti personalmente, diciéndote que tenías que coordinar la reunión.

Con Harvey no existía la palabra "no" y creo que ese es realmente el quid de la cuestión.

Zelda, cuando comenzaste a trabajar para él, ¿alguien te advirtió cómo era?

Tuve una advertencia. Y debo decir que esa mujer realmente salvó mi honor, porque ser advertido es muy importante, te da herramientas.

Lo único que ella me dijo fue que siempre me sentara en un sillón individual, nunca en el sofá junto a él. Y que siempre tuviera puesta una chaqueta acolchonada. Nada más. Pero en realidad fueron consejos increíblemente importantes y buenos, porque hizo que estuviera lista las veces que comenzó a actuar mal. También hizo que no estuviera tan asustada porque sabía que le había sucedido a otras personas.

Así que fui muy fuerte en la forma de lidiar con ello. Y él, como ya sabes, lo sintió. Él era muy persistente.

¿Y él qué hizo?

Bueno, creo que a esta altura todo el mundo ha leído casi todo lo que él hacía. No tenía un repertorio muy original, pero era un sistema que le funcionaba: masajes y sugerencias inapropiadas, esperando que la gente que trabajaba con él, ya sabes, se desvistiera. Casi todo lo que has leído lo viví en algún momento u otro.

¿Compartiste esa advertencia?

Le advertí a la gente que él tenía la costumbre de comportarse de forma inapropiada. Pero que estaban a salvo, porque yo siempre había estado a salvo. La verdad es que yo genuinamente nunca fui físicamente amenazada por él. Emocional y psicológicamente, constantemente. Pero nunca físicamente.

Les decía que lamentablemente él era un dolor de cabeza y que se comportaría de manera inapropiada, pero solo le tenían que decir hasta dónde podían ir. Que si eras dura con él, no pasaría nada. Pero estaba equivocada.

¿Y llegó a su punto máximo cuando agredió sexualmente a tu colega?

Sí. Fue en el Festival de Cine de Venecia (Italia) e intentó violarla.

¿Qué hiciste?

Ella estaba extremadamente angustiada. Estaba temblando, muy angustiada, claramente en estado de shock. No quería que nadie supiera, estaba absolutamente aterrorizada por las consecuencias, por lo que podía suceder.

Hablé con ella y traté de calmarla durante media hora, y luego bajé directamente al lugar donde Harvey estaba teniendo una reunión de negocios en la terraza y le dije que tenía que venir conmigo en seguida. Que yo irrumpiera una reunión como esa era algo muy inusual. Él no me preguntó, se levantó y vino conmigo inmediatamente, porque sabía por qué estaba tan enojada y seria.

¿Entonces lo acusaste de intento de violación?

Sí, sí.

¿Y él lo negó?

Sí. Dijo que nada había pasado. Y que juraba por la vida de su esposa y de sus hijos, que era su carta para evitar la cárcel, una carta que usaba mucho.

¿En algún momento se te cruzó por la mente que quizás él estaba diciendo la verdad?

No. No después de ver a la chica como yo acababa de verla. Además, después de 4 años trabajando con Harvey, lo conocía bien. Sabía cuándo estaba diciendo la verdad y cuándo no. En el momento en que se levantó de la mesa supe que algo malo había sucedido, porque él no habría abandonado esa mesa a petición mía.

¿Luego qué hiciste?

Regresamos a Reino Unido y hablé con mi jefa en las oficinas de Miramax. En ese momento, solo estábamos ella y yo. Ella sugirió que me consiguiera un abogado. Así que las dos renunciamos a la empresa, diciendo que nos sentíamos despedidas de hecho por su comportamiento. Y que tendría noticias de nuestros abogados.

¿Te buscaste un abogado?

Sí. A esa altura pensé que íbamos a terminar en un proceso penal, que sería llevado a tribunales y sería castigado por lo que había hecho.

¿Estabas preparada para llegar tan lejos, para hacer que lo encarcelaran?

Creía que era el único camino posible. O sea, era el único camino en lo que a mí respecta.

¿Y entonces qué pasó?

Los abogados dejaron muy claro que no teníamos muchas opciones. Como no habíamos ido a la policía cuando estábamos en Venecia, no teníamos pruebas físicas, entonces al final sería la palabra de dos mujeres menores de 25 años de edad contra Harvey Weinstein, Miramax Films y esencialmente, The Disney Company. Porque ingenuamente creía que, si íbamos a Disney, se horrorizarían y despedirían a Harvey o, ya sabes, que nos ayudarían con los procedimientos.

Pero los abogados dejaron muy en claro que el mundo no funcionaba así.

En ese punto, entonces, estabas lista para derribarlo. Básicamente tomaste la única opción que pensaste que tenías y te encontraste con puertas que se cerraban en tu cara. ¿Es así?

Sí, sí. Sé que suena raro, pero para mí ese es el momento en que empezó el trauma y abuso para mí. Yo podía lidiar con Harvey. Era un hombre desagradable y difícil, pero tenía formas de tratarlo.

Con lo que no podía lidiar era con el sistema legal. Básicamente fui con los padres a decirles que alguien había hecho algo malo y, al parecer, no había nada que se pudiera hacer. Eso fue muy impactante y aterrador: descubrir que la ley no podía ayudarme.

En retrospectiva, no fue algo tan simple. Mis abogados me aconsejaron lo que creyeron era lo mejor. Sin embargo, si hubiésemos ido a la policía, en verdad no sé lo que habría pasado. No sé si hubiésemos llegado a algún lado.

Y a los 23 años, cuando te enfrentas con que el consejo de tu propio equipo legal es que te calles... (Te dicen que) serás arrastrado por los tribunales para atrás, para adelante y para los lados. Lo mismo pasará con tu familia, con tus amigos y cualquier persona que sepa algo sobre ti. (Te dicen que) no tienes posibilidad alguna, que serás destruido. Es bastante difícil saber a dónde ir.

Al mirar hacia atrás, ¿piensas que te aconsejaron mal o crees que te protegieron lo mejor que pudieron de una máquina que iba atropellarte?

La verdad es que no lo sé.

Terminaste firmando un acuerdo de confidencialidad. ¿Cómo llegaste hasta ahí?

Esto es muy difícil, porque los abogados presentaron el acuerdo de confidencialidad como nuestra única opción. Para mí lo único que estaba claro es que teníamos que encontrar la manera de detener el comportamiento de Harvey y que no quería dinero. Pero en ese momento se me informó que la única forma que teníamos de sentarnos a la mesa con Miramax era haciendo una solicitud monetaria.

Fue un acuerdo muy intenso en términos de secretismo. No se me permitió hablar con nadie, ni siquiera acerca de mis años trabajando en Miramax. No podía hablar con un terapeuta sin que ellos le hicieran firmar un acuerdo de confidencialidad antes. No se me permitió hablar con mi contador con respecto al dinero que había recibido.

¿Por cuánto acordaron?

Fueron 125.000 libras (unos US$167.000). Para ese entonces ya me había dado cuenta que esta era mi única arma, el único mecanismo para intentar prevenir el comportamiento de Harvey. Tenía que crear un acuerdo que fuera vinculante para él y que fuera difícil para él romperlo, tanto como lo iba a ser para mí.

Y la única forma en que podía aceptar el hecho de que el dinero iba a tener que cambiar de dueño, era que iba a tener que hacer muchísimo por ese dinero.

¿Qué le pediste que hiciera?

Bueno, en un principio había una cantidad de obligaciones, pero tuvimos que conceder algunas durante las negociaciones. Una de las más importantes y que se mantuvo fue que él tenía que ir a terapia por su comportamiento. Además, yo tenía que estar presente durante su primera sesión de terapia porque estaba muy preocupada de que no le diría al terapeuta la razón por la que estaba allí.

De nuevo, es importante recordar que se trata de un hombre capaz de manipular a todo el mundo y yo era muy consciente de ello. Mi idea era hincarle el diente a cada cláusula que pudiera, por más pequeña que fuera.

¿Fuiste a la sesión de terapia con él?

Eso nunca pasó. No sé si fue a terapia o no. Hice presión para que asistiera, pero su equipo legal siempre lo postergaba. Y después de todo este proceso, estaba bastante quebrada. Estaba quebrada y exhausta y desilusionada. Y no tenía energía para seguir peleando. Además, no era mi obligación hacer un seguimiento de su obligación.

En ese entonces uno pensaba que Miramax Films estaba haciendo todo su esfuerzo para lograr que dichas obligaciones se cumplieran. Pero no lo hicieron.

Tu carrera se terminó en ese momento.

Prácticamente sí.

¿A qué te dedicaste?

Terminé mudándome a Centroamérica a entrenar caballos. Pasé un tiempo intentando trabajar de nuevo en Londres y la experiencia fue muy poco agradable, porque mi reputación era sospechosa. Y cuando has pasado un mes de tu vida peleando con cada gramo de tu fuerza para que se cumplan las leyes y para detener a un depredador, tener que enfrentar ese tipo de ambientes era muy, muy difícil, realmente no podía, no podía permanecer en la industria en ese momento.

Ahora se hace llamar adicto al sexo. ¿Crees que esa es la raíz del asunto?

No. No creo que sea adicto al sexo. Él es adicto al poder. Todo lo que hacía, todo lo que lo movía era el deseo de dominar, tanto a hombres como a mujeres. Invertía una enorme cantidad de energía en humillar a los hombres y una enorme cantidad de energía en someter a las mujeres. Y hacer que los hombres también se sometieran. Eso era lo que lo impulsaba: su gran necesidad de poder.

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