Los Mirlos, creadores de la legendaria cumbia amazónica, llegaron con su sabor tropical a la urbe angelina

Pese a que se formaron hace 45 años en Lima, la capital de Perú, Los Mirlos han representado siempre a la Amazonía, región en la que nació su vocalista y director Jorge Rodríguez Grández, quien se puso hace unos días al frente de la mítica agrupación durante una vibrante presentación que los llevó a visitar por primera vez la ciudad de Los Ángeles, y que reunió básicamente a una entusiasta audiencia juvenil en la pista de baile del club Union, ubicado en el 4067 de Pico Blvd.

Aunque la cumbia colombiana y la mexicana son mucho más populares en el mundo entero, la que se hace en Perú ha ido ganando prestigio con el paso de los años y la llegada de “The Roots of Chicha”, un compilatorio editado por una disquera neoyorquina que puso en las manos del público anglosajón joyas de los ’60 y los ’70 entre las que se incluía a Los Mirlos.

“Nosotros surgimos en Lima, pero yo soy de Moyobamba y hemos sido siempre abanderados del sonido amazónico, a diferencia de grupos costeños que empezaron antes que nosotros como Los Destellos, Los Diablos Rojos y Los Ecos”, le dijo a nuestro medio Rodríguez Grández, quien es el único miembro original en la formación actual al lado del guitarrista Danny Jhonston, y que conserva todavía una buena parte de ese acento que los peruanos describen como ‘charapa’.

La actual popularidad del grupo, sobre todo entre ‘la muchachada’, ha quedado clara no solo en sus recientes participaciones en eventos masivos de rock que se llevan a cabo en Perú, sino también en su reciente paso por el Ruido Fest, un festival de similares características que se llevó a cabo entre el 22 y el 24 de junio en la ciudad de Chicago y que incluyó a pesos pesados del género guitarrero como Caifanes, Panteón Rococó, Plastilina Mosh y Kinky.

Para ser claros, y pese a la confusión generalizada, Los Mirlos no son un grupo de ‘chicha’, un término que, de hecho, no es del agrado de Rodríguez Grández. “Yo respeto todo el acervo cultural del Perú, pero soy de otra generación y me identifico con otra zona”, precisó. “Lo que llaman ‘chicha’ se debería llamar en realidad cumbia tropical andina, porque todos tenemos como base lo tropical”. 

Lo que sí está claro es que, a diferencia de los exponentes del género que surgieron en otros países, la vertiente practicada por su grupo se distingue por el empleo de la guitarra eléctrica. “Mi principal influencia fue Enrique Delgado, de Los Destellos, pero también el que fue su maestro, Washington Gómez, de Los Chamas”, nos dijo Johnston, que es un admirador de figuras como George Benson y Carlos Santana.

“El que me enseñó a tocar originalmente fue mi tío, que componía música criolla; con él aprendí la digitación”, prosiguió el instrumentista. “Después aprendí más con libros donde venían acordes de jazz; ensayé y ensayé hasta que salió”. Según Jhonston, lo que emplea es un ‘sonido esférico’ basado en el ‘fuzztone’ y el ‘wah wah’, aunque lo más importante es “la emoción con que uno interpreta las canciones”.

Como exponentes de la cumbia que son, Los Mirlos hacen letras festivas que se alejan de la conflictividad social que se vive y se ha vivido en su país. “Yo no me meto ni en política, ni en religión, ni en deporte”, retomó Rodríguez Grández. “Una vez me ofrecieron 100 mil dólares para que hiciera una campaña con el fin de postular al Congreso, pero no lo acepté; y tampoco me gusta que me lleven a los eventos de los partidos”.

Los Mirlos no han sacado un disco inédito desde hace más de una década, pero sí han dado a conocer una pieza nueva que se titula “Un traguito de ayahuasca”, lo que traza una conexión directa con el aspecto psicodélico que se les atribuye, y que no es siempre evidente en su música.       

“El ayahuasca es conocido en mi país como una planta medicinal ancestral; eso es real, porque ayuda a mucha gente que tiene problemas de drogas, por ejemplo”, dijo el vocalista. “Yo le he dado [al tema] un mensaje romántico, a través de un video profesional que ya está en YouTube”.

Según Rodríguez Grández, muchos reporteros le han preguntado si ha compuesto sus canciones bajo el influjo de esta sustancia. “Danny y yo la hemos tomado, y fue una experiencia bonita’; pero fue en una dosis baja”, comentó. “En cuanto a las otras drogas, no las hemos consumido nunca, aunque hemos visto a muchas personas usándolas y nos las han ofrecido”.

“Mi papá nunca fumó ni cigarrillos; yo tampoco, y mis hijos menos”, añadió. “Mi papá no tomaba trago; solo por cumplir, y yo hago lo mismo. Solo bebo algo por cortesía o para hacer un brindis”.

Estas son experiencias que quedarán plasmadas en el libro autobiográfico que él mismo planea publicar pronto, y que por el momento se llama “El cantar de Los Mirlos”. “Tenemos que hacer eso pronto, así como sacar un nuevo disco”, dijo el veterano cantante, que ha sentido la influencia de su música en nuevas generaciones.

En sus palabras, Los Mirlos empezaron a visitar varios países de Sudamérica a partir de 1980, y gozan ahora del reconocimiento de agrupaciones peruanas nuevas que les rinden tributo, como Los Chapillacs y Barrio Calavera. “Fui conductor de un programa de radio dedicado a nuestra agrupación a lo largo de más de 35 años, pero mi hijo Jorge Luis, que toca la segunda guitarra con nosotros desde hace 17 años y que maneja ahora mis redes sociales, me dijo que mis seguidores actuales tienen entre 20 y 30 años”, concluyó. “Por lo tanto, ya no necesito a la radio”.

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