Guns N’ Roses sonó más enérgico que nunca tres décadas después de su fundación

La popularidad actual de la música que prescinde en buena medida de instrumentistas y de cantantes reales -ya sea la electrónica, el hip hop o  el reggaetón- ha puesto en una posición especialmente complicada a las bandas tradicionales de rock que siguen dependiendo de aportes humanos y creativos; pero eso no quiere decir que las esperanzas estén perdidas.

Al menos en  lo que respecta a los músicos con carácter de leyenda, porque a lo largo de cinco días, la emblemática banda Guns N’ Roses ofreció en el área del Sur de California (es decir, su región de origen) cuatro conciertos que se encontraron completamente llenos, y que demostraron hasta el final mismo la vigencia de una propuesta que no se limita a la mera reproducción mecánica de ‘hits’ del pasado.

En vista de la apretada agenda y de que ninguno de estos sujetos es precisamente un jovencito, esperábamos sinceramente que la presentación del miércoles pasado en el Forum (es decir, la última de esta serie) mostrara a unos artistas cumplidores pero cansados; sin embargo, lo que apreciamos en realidad fue un maratónico concierto de cuatro horas ininterrumpidas en el que no hubo muestras de agotamiento, sino muchísimo entusiasmo.

Las miradas estaban particularmente puestas en Axl Rose, el ‘frontman’ de 55 años que tiene un estilo vocal sumamente exigente y que no ofreció una labor absolutamente inmaculada, pero que se mantuvo estable de manera impresionante hasta el último minuto y que no dejó nunca de lanzar los agudos rugidos que caracterizan a sus canciones. Aunque no fue capaz de bailar como en los viejos tiempos, se movió mucho y hasta mostró una simpatía inusual (“siento el aroma de la hierba medicinal”, dijo en cierto momento).

Para muchos fans, lo más llamativo de esta nueva etapa de GNR es el hecho de que el grupo se presenta a la hora anunciada o poco después, en contraste con los brutales retrasos que se daban en el pasado debido a ausencias caprichosas de Rose que, en un caso determinado, ocasionaron un costoso motín. Todo parece indicar que, con el paso del tiempo, el hombre ha moderado su difícil temperamento, lo que tiene probablemente que ver con el hecho de que esta alienación del conjunto es la más cercana que se ha tenido a la original desde la separación no declarada de 1996 que derivó en una versión poco reconocida de la banda.

Y eso incluye, por supuesto, al célebre guitarrista Slash, con el que Axl tuvo una enemistad aparentemente profunda hasta hace poco, hasta el punto de que el reencuentro del 2016, con el que se inició la actual gira, “Not in This Lifetime”, parecía ser imposible hasta el día que se produjo. Para cualquier fan del rock, tener a estos dos iconos nuevamente juntos sobre un escenario es motivo de enorme alegría; y Slash (que sigue luciendo la melena y el sombrero de siempre) agradeció las numerosas muestras de cariño en el Forum con unos apasionados solos de raigambre ‘bluesera’ que le pusieron a todos la carne de gallina, pese a que era superado en el nivel técnico por el otro guitarrista, Richard Fortus, a quien se le dio menor oportunidad de lucimiento.

La tercera pieza esencial de GNR es el bajista Duff McKagan, quien tocó también con incuestionable profesionalismo y lució de lo más bien, aunque se trata de uno de los integrantes del grupo original que resultó más afectado por los estragos del alcohol y de las drogas. McKagan, que se encuentra completamente rehabilitado, es también el más sencillo y simpático, y lo demostró esta vez al quedarse por largo rato en la tarima al término del show, saludando a la audiencia y regalándole púas de guitarra.

La formación actual cuenta también con Dizzy Reed, tecladista del combo desde 1990; y se completa con el citado Fortus, el baterista Frank Ferrer y la tecladista y corista Melissa Reese. Para nosotros, esto es más que suficiente como para que no nos encontremos ante una simple banda ‘remendada’, aunque lamentamos que no se haya logrado incluir a alguno de los dos bateristas ‘clásicos’, es decir, Steven Adler o Matt Sorum.

Como no hay disco nuevo en vitrina, el repertorio fue semejante al que se manejó durante la primera parte de la gira, pero con algunas excepciones notables, como dos de los sentidos ‘covers’ que se hicieron, tanto de Soundgarden (“Black Hole Sun”) -en homenaje al fallecido vocalista Chris Cornell- como de AC/DC (“Whole Lotta Rosie”) -en tributo al recientemente caído guitarrista Malcolm Young-.

Apoyándose en sus legítimas credenciales rockeras, los músicos superaron el reto con éxito, aunque está claro que Rose (quien fue invitado a varios conciertos de AC/DC este mismo año para reemplazar al vocalista Brian Johnson) no puede cantar como el excepcional Cornell.

Fuera de su extensión, el espectáculo gozó de una potencia que lo hizo especialmente contundente, aunque eso perjudicó el volumen de Ferrer, cuyos tambores se perdían a veces en medio del estruendo. Pero habría que ser realmente mezquino para quejarse de un show que, además de ofrecer una mirada sumamente generosa al valioso catálogo de sus protagonistas, los mostró en un estado de cohesión mucho mayor que el de las fechas iniciales del tour, lo que les permitió enfrascarse en gratas sesiones de improvisación y experimentación que alcanzaron incluso a la parte media de “Welcome to the Jungle”, una composición que nunca había sonado tan ominosa.

No todo fue maravilloso; además del asunto de las percusiones, como lo dijimos antes, hubo momentos -sobre todo los más tranquilos- en los que la garganta de Rose (quien ha venido cantando casi sin pausa desde principios del 2017) dio muestras de flaqueza, como cuando le tocó el turno a “Better”, uno de los  siete temas que se extrajeron del polémico pero respetable álbum “Chinese Democracy” (2008), grabado por el vocalista con músicos de alquiler.

Sin embargo, poder escuchar en tan buenas condiciones y con la mayoría de sus intérpretes originales piezas como “Mr. Brownstone”, “Rocket Queen”, “You Could Be Mine”, “Civil War”, “You Could Be Mine”, “Sweet Child O’Mine”, “November Rain”, “Patience”, “Paradise City” y la citada “Welcome to the Jungle”, como parte de un repertorio de 37 temas y en compañía de ingeniosas proyecciones de video, es un lujo que nunca pensamos tener en las postrimerías del 2017.            

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