El Tropicália Fest tuvo un poco de todo, en medio de una asistencia impresionante

Al entrar a la enorme zona aledaña al Queen Mary de Long Beach que sirvió para la realización de la primera edición del Tropicália Fest, cerca de las 3 de la tarde, nos resultó claro que los organizadores del ambicioso evento no habían podido adivinar el éxito que tendrían, porque a pesar de lo arriesgada que era la idea de combinar actos hispanos con anglosajones, el lugar se encontraba repleto.

Eso se hizo particularmente evidente al trasladarnos desde la puerta hasta el escenario Los Puercos, que se encontraba en una sección apartada a la que se accedía usando un túnel que, en esos momentos, resultaba sumamente difícil de transitar, como lo fue también llegar hasta el escenario presente debido a que había todavía más gente en el área misma, donde se encontraban los puestos de tacos que se podían comer gratuitamente hasta las 4 de la tarde, y que no pudimos ni siquiera probar en vista de las inmensas filas y de la necesidad que teníamos de ver a muchos artistas para escribir esta nota.

El escenario principal, ubicado en la explanada mayor, fue naturalmente el que convocó la mayoría de las miradas hasta el final, dedicado a la presentación del legendario grupo norteño Los Tigres del Norte. Estos músicos no sufren por una falta de repertorio, y lo demostraron al ofrecer una larga sesión llena de éxitos como “La banda del carro rojo”,  “La Reina del Sur”, “Jefe de jefes”, “Golpes al corazón” y “Tres veces mojado”, que sonaron muy bien en el plano instrumental, aunque las deficiencias vocales que se habían notado ya en presentaciones anteriores de este veterano grupo afectaron la calidad de lo ofrecido, sobre todo en lo que respecta al área de las baladas encomendadas a la garganta de Hernán Hernández (quien, por otro lado, es un excelente bajista).

Los Tigres dejaron casi siempre que las elocuentes letras de sus canciones sobre narcotráfico, experiencias de los inmigrantes y trances amorosos hablaran por ellos, aunque el vocalista y acordeonista Jorge Hernández le dedicó “Somos más americanos” a “ese amigo que se encuentra en la Casa Blanca”, negándose a nombrar a Donald Trump; y en otro momento, él mismo justificó su empleo permanente del español diciendo que no domina la lengua local, lo que resulta dudoso en vista de que ha vivido muchas décadas por aquí, pero que fue de todos modos una decisión interesante en vista de que otros artistas hacían esfuerzos denodados por comunicarse con el amplio sector anglosajón que se veía por ahí.

La apuesta mayor del Tropicália en lo que respecta a agrupaciones latinas del Sur de California fue la que se hizo al colocar en este estrado y en un horario estelar a Chicano Batman, un conjunto bilingüe de fusión (recurre ocasionalmente tanto a la cumbia como a la Nueva Ola) y de tendencias psicodélicas cuya reputación ha crecido considerablemente tras su paso por varios festivales anglosajones, y que ha logrado ahora un estilo bastante más ordenado que el de sus inicios, respaldado en esta ocasión por coristas femeninas y músicos adicionales. Hubo un momento demasiado comercial en el que su cantante y tecladista Bardo Martínez se enfrascó con la audiencia en un juego de pregunta y respuesta propio del pop, pero se lo perdonamos ante el trascendente mensaje contenido en una canción que respaldaba el mensaje de “Black Lives Matter”.

La que nos causó sorpresa con la contundencia de su propuesta fue la veterana boricua del reggaetón Ivy Queen, quien no ha brillado mucho por estos lares en los últimos tiempos, pero a la que le bastó la ayuda de un DJ/cantante para imponer un estilo que se nos hizo más creativo y cadencioso que el de la mayoría de sus competidores masculinos de mayor éxito (sí, estamos hablando de ti, Daddy Yankee) y, por supuesto, mucho más propositivo en el sentido de que las letras hablaban de la defensa de la mujer pese a provenir de un género marcado por la misoginia.

Como era de esperarse, Café Tacvba -que se presentó a eso de las 5 de la tarde, es decir, un horario inusualmente temprano para su reputación- fue muy bien recibido, pese a que esta es la tercera visita que efectúa al área general de L.A. en lo que va del año. En esta ocasión, el vocalista Rubén Albarrán fue especialmente generoso en el empleo de máscaras y disfraces, y aunque sus letras se encuentran lejos de ser políticas, ofreció en cierto momento un discurso en el que clamaba por la reaparición de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa y por el respeto a nuestro maltratado planeta.

Los ‘tacvbos’ tienen también un arsenal increíble a su disposición, y extrajeron de este piezas como “Amor divino”, “Las flores”, “Chilanga banda”, “Eres” y “La chica banda”. Personalmente, las composiciones más ‘disco’ y ‘techno’ que tienen no son de nuestro agrado; pero reconocemos siempre sus invaluables aportes a la escena del Rock en Español y sus insaciables afanes de experimentación.

En vista de la multitud presente y de lo atractivo que podía ser el cartel de esta tarima, es probable que algunos optaran por permanecer en sus alrededores; pero eso hubiera implicado perderse la diversidad de propuestas existentes en los demás tabladillos, incluyendo el citado Los Puercos, al que llegamos apresurados apenas cruzamos la entrada principal para ver a Jeanette, la recordada cantante británico-española que, a los 66 años de edad, mantiene todavía en estado más que razonable la peculiar voz de su pasado, lo que le permitió conquistar a la audiencia mayormente femenina que se reunió frente a ella para escuchar temas como “Soy rebelde”, “Porque te vas” y “Frente a frente”.

Horas después, el mismo escenario fue testigo de una breve pero memorable actuación de Os Mutantes, banda brasileña de culto que se formó a mediados de los '60 y cuya encarnación actual mantiene en sus filas al fundador Sérgio Dias. Aunque el mismo guitarrista y vocalista se volvió un tanto repetitivo al mencionar varias veces el disgusto que siente por Trump, todo lo que ofreció al lado de sus compañeros sonó muy bien, incluyendo sus alucinados solos en las seis cuerdas.

Pero si hablamos de leyendas de los viejos tiempos, la figura más distintiva fue Wanda Jackson, una pionera del rockabilly a la que se le dio lugar en el escenario más pequeño y de visibilidad más limitada (el Modelo), pero que convocó a una devota audiencia femenina que la alentó incluso más (hasta el punto de las lágrimas) luego de que la señora de 80 años, que había entonado ya varios temas y contado muchas anécdotas que incluían recuerdos de su antiguo novio Elvis Presley, se mostró incapaz de sentir cantando y tuvo que retirarse antes de tiempo.

La misma tarima le dio después cabida a Very Be Careful, una querida banda local que acaba de cumplir 20 años de carrera y que se niega a abandonar lo que mejor sabe hacer: un rústico y animado estilo vallenato de profundas raíces colombianas, pese a que sus integrantes son todos angelinos. Aunque resultaba casi imposible verlos si no se estaba completamente adelante (el vocalista y acordeonista Ricardo Guzmán toca sentado), pusieron a bailar a todos los presentes.

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