Cine

El abuso del poder y sus consecuencias en Latinoamérica son la base de ‘When Two Worlds Collide’

La masacre de Bagua y sus implicancias políticas en Perú son puestas en evidencia en un nuevo documental

El documental se estrenó ya en el Laemmle Monica Film Center el viernes pasado, y si se considera que esta clase de propuestas tienen un paso raudo por la cartelera, es probable que no se exhiba por muchos días más; es por eso que, si tienes intereses sociales y te llama la atención la situación actual de Latinoamérica, te recomendamos acudir de inmediato a ver “Where Two Worlds Collide”, un impresionante trabajo que, pese a emplear imágenes completamente reales, se siente como un ‘thriller’ político de ficción por el modo en que ha sido armado, por su sentido constante de peligro y por la gravedad de los hechos que presenta.

En el 2009, el segundo gobierno de Alan García, quien había sido acusado ya en su primer mandato de diversos crímenes nunca juzgados, firmó una medida que autorizaba la explotación de la Amazonía por empresas extranjeras, y de inmediato, las comunidades de esa zona, representadas públicamente por el elocuente líder Alberto Pizango, manifestaron su repudio por la medida y pidieron su derogación. Como el pedido les fue negado, un grupo decidió bloquear varias vías de acceso al lugar.

Todo parece indicar que las protestas estaban cargadas de indignación, pero que eran relativamente pacíficas; sin embargo, el gobierno decidió mandar un numeroso contingente policial, fuertemente armado, con el fin de desarticularlas, y como se puede ver en las impresionantes tomas que se presentan en el film, el caos se desató de inmediato, ya que luego de que las autoridades empezaran a disparar contra los manifestantes, estos reaccionaron de manera también agresiva, lo que dejó como saldo una suma de 23 agentes de la ley fallecidos y 10 indígenas muertos.

Espantados por lo sucedido, otros insurgentes decidieron tomar la justicia en sus manos y prolongaron el baño de sangre en un centro petrolero aledaño; por ese lado, no tienen sentido las voces que han empezado a afirmar que los directores Heidi Branderburg y Mathew Orzel manejan una agenda política a favor de los sediciosos.

Lo que sí queda claro es que las acciones inmediatamente represivas de García no eran precisamente el mejor método para calmar las aguas, y que los cargos penales puestos más adelante sobre Pizango tendrían que haberse extendido a los políticos que se encontraban al mando de la nación entera.

Si para muchos puede parecer normal y hasta imperativo que el estado se defienda ante una situación de levantamiento civil, la verdad es que los cineastas logran transmitirnos la injusticia del asunto sin necesidad de recurrir nunca a una de esas típicas voces en ‘off’ que tratan de adoctrinarnos, sino limitándose a exhibir las acciones ocurridas y, por supuesto, lo que dijeron los personajes involucrados.

Para nosotros, los momentos más significativos son los que demuestran la arrogancia de los limeños ante sus compatriotas de la selva; y eso surge no solo del indeterminado tipo de la calle que los llama “ciudadanos de tercera clase” frente a unos reporteros, sino también de las declaraciones del entonces presidente y hasta de una periodista supuestamente reputada (Mariella Balbi) que da cuenta de su feroz individualismo al decirle a Pizango que no va a permitir que la dejen “sin luz en su casa” ante la posibilidad de que las protestas de los levantados afecten el funcionamiento normal de una compañía  hidroeléctrica.

Pero, más allá de las trágicas muertes, lo más impactante a nivel futuro son las escenas en las que se muestra el calamitoso estado en el que quedan muchas veces las aguas de los ríos explotados por las transnacionales. Ver algo así es la mejor prueba de que el discurso de García sobre el supuesto bienestar de “todos los peruanos" es un engaño que debería ser únicamente creído por las escasas personas en el país sudamericano que se ven beneficiadas por un capitalismo salvaje cada vez más imperante y descarado.

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