‘A Wrinkle in Time’ adapta a nuestros tiempos una historia de empoderamiento femenino con resultados irregulares

Disney apunta siempre al puesto del ganador, y ahora que se ha apoderado de compañías que le hacían competencia por cuenta propia, sus opciones son mucho más grandes, como lo demuestra lo que acaba de suceder con la producción de Pixar “Coco”, que se llevó el Oscar a la Mejor Película Animada.

Pero sus ejecutivos actuales saben que para ganar también hay que tomar riesgos, sobre todo cuando se considera que atravesamos tiempos particularmente complicados; y es por eso que han decidido darle las riendas de algunos de sus proyectos a talentos inesperados, como es el caso de “A Wrinkle in Time”, una cinta de acción real que se estrena este fin de semana y que está dirigida por Ava DuVernay.

DuVernay es una cineasta afroamericana que, lejos de haber labrado una carrera como narradora de relatos infantiles, se ha hecho conocida por sus intereses sociales y por unos trabajos para adultos que ponen en evidencia los maltratos sufridos por su comunidad en los Estados Unidos, lo que se había plasmado hasta el momento de manera elocuente en sus dos largometrajes más conocidos: el drama histórico “Selma” (basado en la marcha por los derechos civiles emprendida por Martin Luther King a mediados de los ‘60) y el documental “13th” (en el que se defendía de manera audaz y efectiva que la esclavitud se había trasladado al encarcelamiento masivo de personas de raza negra en la época moderna).

Ambos recibieron nominaciones a los Premios de la Academia, lo que convirtió automáticamente a su realizadora en un nombre de prestigio que es ahora colocado de manera inusual al mando de la adaptación cinematográfica de una popular novela de fantasía que fue originalmente publicada en los ’60 y que llamó la atención por tener como protagonista a una mujer, algo que no sucedía con los relatos de su género en esos tiempos.

Claro que el libro, escrito por la estadounidense anglosajona Madeleine L’Engle, no llegó más lejos en sus desafíos, ya que la protagonista, una estudiante llamada Meg, era incuestionablemente blanca, mientras que en la cinta de DuVernay, escrita por Jennifer Lee (directora y guionista del megaéxito “Frozen”), ella misma se transforma en una adolescente afroamericana, con lo que se introduce de manera directa el asunto racial y se le da un sentido distinto al ‘bullying’ del que es víctima.

Más allá de esta modificación, tanto la novela como el filme contienen mensajes de empoderamiento femenino que lucen más importantes que nunca; y cuando sumamos a todo esto la carta del color, la vigencia del asunto entero no podría ser más contundente. El problema se encuentra justamente ahí, porque el trabajo hace que sus buenas intenciones sean demasiado evidentes como para darle vida a una película realmente buena.

Si esto hubiera sido una obra animada de Disney, presentar las cosas de manera tan didáctica no habría desentonado con el conjunto; pero estamos una producción con actores de carne y hueso que prometía además una complejidad mucho mayor debido a la presencia de DuVernay. Y ella misma parece hallarse en una encrucijada como artista, lo que se plasma en el ritmo inestable de lo que cuenta.

De ese modo, la primera parte posee un aroma innegable a película típica de Disney, con situaciones que no se sienten reales pese a tocar situaciones de conflicto cotidiano y que son filmadas de modo absolutamente convencional, pese a que llegan intercaladas con algunos ‘flashbacks’ extraños en los que se emplea la cámara en mano propia del cine independiente; y justo cuando pensamos que la idea era enfocarse en la audiencia infantil, se nos introduce en una historia oscura y atemorizante que puso a llorar a la niña pequeña que teníamos a nuestro lado durante la función especial a la que asistimos.

Al comienzo, Meg (Storm Reid) se encuentra todavía desconsolada por lo sucedido cuatro años atrás con su padre, un controvertido científico que desapareció en medio de uno de sus experimentos; y mientras lidia con los abusos a los que se enfrenta en la escuela y con los sentimientos encontrados que le produce la atención de Calvin (Levi Miller), un vecino de su edad que es blanquísimo y extraordinariamente apuesto, se pone en contacto con tres seres sobrenaturales que tienen forma de mujeres (uno de ellos es interpretado por Oprah, por supuesto) y que le informan que el papá perdido es prisionero en un universo paralelo.

Lo que viene a continuación es un viaje a ese universo que se muestra a veces fascinante y lleno de inspiración visual, pero que resulta también demasiado artificial para nuestro gusto, debido sobre todo al empleo de unos efectos digitales que no parecen haber progresado lo suficiente desde el lanzamiento ya lejano de “Avatar” (2009), aunque tenemos la impresión de que lucirán mucho mejor en la versión de 3D que también será lanzada.

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