El dominio keniano en 3.000 m obstáculos comenzó en México con Amos Biwott

EFE

Antes, nunca. Pero después, siempre. Hasta los Juegos Olímpicos de México'68 los atletas kenianos jamás habían ganado una medalla de oro en los 3.000 m. obstáculos; desde entonces, salvo en dos ediciones boicoteadas por su país, la han ganado siempre. Y el que abrió la serie fue el singular Amos Biwott.

Cuando compitió hace 50 años en los Juegos de México, Biwott solo había corrido tres veces una prueba de 3.000 obstáculos. Si en algo había destacado era en los 10.000. En una competición local probó con la nueva distancia y quedó segundo. Fue al nacional y ganó. Fue a los campeonatos de África Oriental y terminó subcampeón. Y después fue a los Juegos Olímpicos y ganó.

No tanto por lo que hizo, sino por cómo lo hizo, el joven keniano nacido 21 años antes dejó imágenes inolvidables en los Juegos de México.

Cuando corrió su primer 3.000 obstáculos, sin haberlo entrenado nunca, Biwott no sabía que había una técnica específica para saltar las vallas y pasar la ría. Así que lo hizo como le salió, de manera natural. En vista de los resultados, no encontró razones para cambiar de estilo cuando llegó a México.

La prueba de obstáculos era olímpica desde 1900, aunque con distintas distancias que quedaron definitivamente unificadas en los 3.000 metros en 1920. El público del Estadio Universitario mexicano ya sabía de sobra, por tanto, lo que podía esperar cuando el 14 de octubre de 1968 asistió a las series clasificatorias.

Y lo que no esperaba ver de ningún modo era que un corredor saltase las vallas con las dos piernas a la vez o que volase por encima de la ría con la técnica del triple salto, dando pasos en el aire, y cayese al suelo sin pisar el agua.

Así lo hizo Biwott, que ganó su serie, la tercera, con 11 segundos de ventaja después de dejar atrás al grupo en la primera vuelta.

Dos días después, en la final, adoptó una táctica más conservadora y dejó que su compañero de equipo Benjamin Kogo llevase la iniciativa. Pero su técnica para superar los obstáculos fue la misma. Tras saltar la última valla con su peculiar estilo, Biwott esprintó y llegó a meta el primero, con seis décimas de ventaja sobre Kogo.

Aunque siguió compitiendo en esta prueba, Biwott no volvió nunca a ganar un 3.000 obstáculos. En los Juegos de Múnich'72 fue sexto, ya con una técnica más ortodoxa, muy lejos de otro keniano que tampoco tenía gran experiencia en la distancia y que saltaba también a su manera, el gran Kip Keino.

Tras el boicot político de Kenia a los Juegos de 1976 y 1980 (paréntesis que aprovecharon el sueco Anders Gärderud y el polaco Broislaw Malinowski para proclamarse campeones olímpicos), los obstaculistas kenianos impusieron su ley e hicieron de la prueba un coto exclusivo: Julius Korir (1984), Julius Kariuki (1988), Matthew Birir (1992), Joseph Keter (1996), Reuben Kosgei (2000), Ezekiel Kemboi (2004), Brimin Kipruto (2008), Ezekiel Kemboi (2012) y Conseslus Kipruto (2016) forman la larga lista de ganadores.

En su vida posterior al atletismo Amos Biwott trabajó como funcionario de prisiones hasta 1978, cuando se vio envuelto en una acusación por robo por la que estuvo un año encarcelado. Luego fue vigilante en un estadio.

Se casó en 1973 con otra atleta keniana, Cherono Maiyo, con la que tuvo cinco hijos.

Cada vez que se aproxima una edición de los Juegos Olímpicos y se repasa la vida de las viejas glorias alguien recuerda las condiciones de extrema humildad, cercana a la pobreza, sufridas por la familia en su vivienda de las cercanías de Eldoret.

Biwott tiene ahora 70 años y puede seguir presumiendo de haber sido el único campeón olímpico de los 3.000 m obstáculos que llegó a la meta con los pies completamente secos.

Por Natalia Arriaga

Copyright © 2018, Hoy Los Angeles, una publicación de Los Angeles Times Media Group
62°