Cuatro muchachas desafían estereotipos del futbol americano en Esteban Torres High School

Si hay un deporte de preparatoria que carga con la etiqueta de ser estrictamente “para niños”, es el futbol americano. A comparación del futbol o básquetbol, no existen equipos de niñas. Pero esto no significa que los emparrillados a este nivel no cuenten con la presencia femenina.

Gracias a los cambios socioculturales que ha experimentado el país en las últimas dos décadas, hay más aceptación a la hora que una niña decide incursionar en una actividad que no entra bajo lo que es visto como lo normal.

De acuerdo con estadísticas de la National Federation of State High School Associations, el organismo rector de los deportes estudiantiles de preparatoria en los Estados Unidos, en 1996 a nivel nacional solo 740 chicas se pusieron un casco; en 2006 fueron 1,075. Desde 2011, el promedio anual ha sido de 1,615.

“Siempre es bueno cuando una chica quiere ser parte del equipo de futbol americano”, dijo a HOY Deportes el entrenador en jefe del equipo de varsity de Esteban Torres High School del Este de Los Ángeles, Charles Burnley, cuyo programa contó con cuatro niñas en sus filas para su más reciente temporada.

Burnley cree que las chicas tienen el mismo derecho de participar en este rudo y violento deporte que los muchachos. Para él, el talento y la disposición son más importantes que el género de sus pupilos.

“Nosotros las alentamos, no les decimos que no pueden jugar porque no son niños. Dentro de la sociedad de hoy, no creo que negarles la oportunidad sea justo o hasta justificable”, declaró.

El entrenador dijo tratar a las chicas de la misma manera que al resto de sus jugadores, pues no quiere hacerlas sentirse diferentes. Pero debido a que los chicos están más acostumbrados a los rigores físicos, le da más atención a la preparación de sus jugadoras.

“Más que con los muchachos, nos aseguramos de que ellas sepan cómo taclear apropiadamente y que sepan cómo recibir un impacto antes de exponerlas a situaciones de juego”, indicó Burnley.

Daphne Torres, de 15 años, juega en el equipo de junior varsity y decidió practicar el deporte del ovoide por el aspecto del contacto físico.

“En la secundaria intenté jugar futbol americano ‘de banderas’ pero no me llamó mucho la atención. Prefiero el futbol americano de tacleadas; se me hace más emocionante”, confesó Torres, quien juega como corredora.

Aunque los golpes fueron lo que la atrajeron, admitió que no es fácil tolerarlos.

“Sabía lo que me esperaba, pero no me imaginaba que mi iba doler tanto; esto sí duele”, dijo. “Me acuerdo que mi primer practica fue horrible; me pregunté ‘¿por qué hago esto?’, pero ya me gusta”.

Su compañera de equipo, Gitzel Ayón, de 15, entró al futbol americano debido a que es uno de sus deportes favorito como aficionada.

“Siempre me gustaba ver a los jugadores ser tacleados”, dijo la jugadora que se desempeña como receptora.   

De acuerdo con Ayón, su familia hubiese preferido que mejor participara en un deporte que es más común entre las muchachas como el futbol “soccer”, sin embargo ninguna actividad que cuenta con equipos de niñas le llamó la atención como el emparrillado y sus retos.

“No son para mí, no soy una típica chica, aunque sí me gusta pintarme las uñas”, expresó. “El futbol americano me permite probarme más que otro deporte”.       

A comparación de Torres y Ayón, a Monserrat Juárez, de 17, nada la atrajo al futbol americano. Ella fue reclutada para formar parte del equipo de varsity debido a su poderío de piernas.

La estrella del onceno femenino de futbol de Torres High School es una de los pateadores estelares del equipo de futbol americano. Puede patear con ambas piernas, y su gol de campo más largo ha sido de 37 yardas.

Juárez dijo que junto a ella, algunos jugadores del equipo varonil de futbol también se probaron para patear para el equipo de futbol americano, pero al final algo la separó de ellos.

“Tuve la valentía para jugar. Sé que lo chicos del equipo de soccer pueden ser fuertes, pero creo que les asusta jugar futbol americano”, indicó.

Según ella, Burnley llevaba dos años tratando de que se integrara a su equipo hasta que finalmente lo logró esta campaña pasada. Dijo que, aunque ella estaba dispuesta a jugar, sus padres no querían que lo hiciera.

“Al principio, a mis papás no les pareció que jugara. Pensaban que me iban a taclear e impactar a cada rato”, mencionó. “Mi papá en especial, no quería que jugara porque no quería que estuviera alrededor de puros chicos”.

Juárez explicó que algo que le agrada mucho de jugar futbol americano en Torres High School es el hecho que no está sola ya que hay otras chicas que forman parte del programa.

“Es bueno que hay otras muchachas que están dispuestas arriesgarse e intentar algo más difícil”.

Riesgos distintos

Debido a la diferencia en corpulencia entre los chicos y las chicas, en el futbol americano de preparatoria, la mayoría de las chicas son pateadores, ya que es una posición en donde casi no ven contacto durante un partido. Sin embargo, Sarai Bautista, de 16, compañera de Juárez, no entra en este grupo.

Ella juega en la posición de más contacto de este deporte; es una liniera. Pese a que en la línea de tacleo usualmente se enfrenta a jugadores que son hasta un pie más altos que ella y que le llevan hasta 50 libras de ventaja, a ella le encanta el reto.

“Desde mi primer año jugando, me gustaba mucho esta posición; se me daba muy fácil. Realmente es mucho más emocionante para mí”, dijo Bautista, quien este año sufrió una fractura en uno de sus dedos durante un partido.

Burnley reconoció que aunque intenta no diferenciar entre sus jugadores al momento de hacer ingresar a Bautista a un partido, toma más precauciones por la naturaleza de la posición.

“Con Sarai, debido a que es una niña y a su estatura, nos aseguramos de no exponerla a situaciones peligrosas”, comentó el entrenador.

En los últimos años, así como la participación de niñas en el futbol americano ha ido creciendo, la participación de niños a ido algo a la baja debido a las crecientes preocupaciones por las conmociones cerebrales.

Pese a que Bautista admitió que la primera vez que practicó este deporte tuvo un fuerte dolor de cabeza tras un impacto, las conmociones no la asustan.

“Si he escuchado algo sobre las conmociones, pero realmente no pienso en esto. Simplemente al momento de ser impactada trató de que mi cabeza le pegue al piso”, dijo la jugadora.

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