EE.UU. quiere el Mundial de 2022 a como dé lugar

EE.UU. quiere el Mundial de 2022 a como dé lugar

A mi generación ya no le tocó utilizar esos famosos dichos que con frecuencia utilizaban nuestros padres o abuelos, pero que muchos de nosotros tenemos presentes en nuestra mente.

Uno de los que mi padre utilizaba más era el de “Piensa mal y acertarás”. Cuando era adolescente no lo entendía con claridad, y cuando por fin lo hice, no me gustaba. Pero con el tiempo me di cuenta que es una frase muy acertada.

Cuando en los días pasados explotó el escándalo de corrupción de la FIFA, algunas personas me preguntaron por qué Estados Unidos era el que estaba investigando a todos los miembros de la FIFA implicados en las acusaciones de corrupción, sospechosos de recibir millonarias sumas de dinero para beneficiar a ciertas candidaturas.

La respuesta que se manejó mayormente es que dichas sumas de dinero fueron movidas a través de bancos estadounidenses. Según el FBI, los actos de corrupción datan desde principios de los 90.

Han pasado alrededor de 25 años. ¿No se les hace raro que la investigación haya tomado su momento crucial a sólo dos días de las elecciones para renovar al presidente del organismo regidor del futbol mundial?

Yo pienso mal, y no me trago el cuento de que todo esto es sólo para limpiar la corrupción del futbol.

En la última década, la popularidad del balompié ha crecido enormidades en Estados Unidos. De ser un deporte al que la mayoría de los norteamericanos ignoraban, se ha convertido en un enorme generador de dinero, sobre todo en transmisiones de televisión, publicidad y hasta videojuegos.

Las designaciones de Rusia y Catar para las siguientes dos Copas del Mundo le cayeron como balde de agua fría a los federativos –y hasta políticos– estadounidenses, que hace un par de años mandaron al mismo ex presidente Bill Clinton al frente de la delegación de las barras y las estrellas para traer el Mundial de regreso a este país, y regresaron con las manos vacías.

No soy un experto en futbol, pero basta poner un poco de atención a lo que sucede a nuestro alrededor para darnos cuenta que EE.UU. ha tratado de quitarle las sedes mundialistas tanto a Rusia (con el pretexto de la ilegal anexión con el territorio ucraniano de Crimea) como a Catar (con acusaciones de corrupción y violaciones de derechos humanos).

El futbol en Estados Unidos ha comenzado a separarse de deportes que antes eran mucho más populares como el básquetbol y el béisbol. La MLS no tiene que ser de gran calidad, sino interesante, y lo está logrando al traer a figuras como David Beckham, David Villa, Kaká y otros astros de talla internacional. Cada vez hay más dinero a su alrededor, y traer el Mundial de vuelta generaría multimillonarias sumas en publicidad, mercancía, derechos de televisión y consumo.

Cuando la gente poderosa de este país cree que le han hecho trampa, no se queda con los brazos cruzados, y el futbol no es la excepción. En múltiples plataformas de medios, como ESPN, Fox y MSNBC –tal vez las más interesadas en todo esto– ya hablan de que se le debe retirar la sede a Catar (es muy poco probable que sea a Rusia, por la cercanía del evento), y EE.UU. es el primero que se apunta como relevo.

Hace unos años, cuando a pocos les importaba el futbol aquí, a nadie le interesaba lo que los altos mandos de la FIFA hicieran o no. Pero ahora que hay tanto dinero de por medio el panorama ha cambiado radicalmente, al grado que el FBI presionó a Joseph Blatter al punto de forzarlo a renunciar.

En el caótico escenario actual de la FIFA, que el Mundial de 2022 se juegue en Estados Unidos es hoy una posibilidad real.

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