Klinsmann describe su era como “incompleta”

La última vez que Jürgen Klinsmann fue visto en público, estaba sentado detrás de una mesa en el estadio nacional de Costa Rica, tratando de esquivar preguntas fuertes sobre el futuro del equipo de Estados Unidos.

Menos de una semana después, fue despedido, terminando un periodo de cinco años y medio con el equipo nacional que lo llevó a tener marcas históricas y baches profundos.

Klinsmann volvió a la luz pública el pasado viernes durante la Convención Nacional de Entrenadores en Los Ángeles. De cara a eso, Klinsmann dio su primera entrevista desde noviembre, mes en el que fue despedido. Aunque admitió estar frustrado y dijo no haber podido terminar su trabajo, expresó que estaba concentrado en el futuro y no en el pasado.

“Cuando llega un momento como ese, obviamente reflexionas y piensas en lo que hiciste, y luego ves hacia adelante. El futbol es como cualquier otro medio. Cuando una puerta se cierra, otra se abre”, enfatizó. “Así que voy a comenzar a ver y buscar otras oportunidades”.

Klinsmann parece siempre ser positivo y con energía, algo que pudo haber contribuido a su caída. Cuando otros veían problemas, él insistía en soluciones.

Pero mientras se sentaba detrás de una mesa fuerte de madera en un café italiano en Costa Mesa, hablando con un vaso de agua en la mano, parecía estar cansado y con una sonrisa forzada.

Y aunque no habló mal de nadie y mostró clase, agradeciendo a la Federación de Estados Unidos por la oportunidad de entrenar al equipo nacional, está claro que su despedida le dolió.

“Fue, de cierta forma, una imagen incompleta. Eso te muestra qué abrupto es este negocio. Incompleto puede ser la mejor palabra”, expresó.

Incompleto también se podría describir el proceso de Klinsmann al tratar de revolucionar el futbol de Estados Unidos. Cuando fue contratado para reemplazar a Bob Bradley en 2011, Klinsmann impuso un régimen de condición física y dieta; y empujó a sus jugadores fuera de su zona de confort. Klinsmann fue nombrado director técnico de los equipos nacionales, y lo pusieron a cargo del equipo nacional, las academias de desarrollo y la educación de entrenadores.

Tras ganar 16 juegos en su primer año completo como entrenador, Klinsmann ganó 28 partidos durante los siguientes tres años. Ganó la Copa Oro, avanzó en el Grupo de la Muerte en su única Copa del Mundo con EE.UU. y alcanzó las semifinales de la Copa América Centenario. Pero también perdió la Copa Concacaf contra México, cayó por la diferencia más grande en una eliminatoria en 36 años y el equipo olímpico no clasificó a las Olimpiadas en dos ciclos consecutivos, la primera vez que eso sucede en Estados Unidos.

El seleccionado de las Barras y las Estrellas comenzó el Hexagonal Final con dos derrotas ante México y Costa Rica, y Klinsmann sabía lo que venía.

“No, no me sorprendió”, declaró. “Puedo leer a las personas, puedo leer sus declaraciones. Puedo leer entre líneas. Los hechos seguirán diciendo que nos dejaron ir porque perdimos dos juegos”.

Klinsmann dijo que varios jugadores lo llamaron tras su despido. Otros expresaron sus sentimientos en las redes sociales y no todos fueron positivos.

Sobre si recibió una oportunidad justa, Klinsmann titubeó al responder.

“En el mundo profesional, no tienes derecho de hacer las cosas a tu manera. Si la gente que te paga, al final del día, piensa que perdiste y deciden en ir en otra dirección, tienes que darles el visto bueno para hacerlo. Es parte de tu trabajo. No se trata si está bien o no”, dijo.

Algunas de las innovaciones que Klinsmann trajo al equipo nacional-como el programa de dieta y condición física- que no era popular en el equipo nacional- ya han sido cortados por su reemplazante, el exentrenador del Galaxy, Bruce Arena. Klinsmann, sin embargo, dijo que tomará años para que alguien pueda medir realmente el impacto que tuvo en el programa de Estados Unidos, más allá de las victorias y derrotas.

Durante los últimos cinco años y medio, trajo a jugadores jóvenes como Christian Pulisic, Bobby Wood, Jordan Morris, John Brooks y Jordan Morris al programa y ayudó a otros como a Geoff Cameron.

“Dejamos el camino para una nueva generación de jugadores”, dijo. “Pero ese ciclo de jugadores, va a necesitar tiempo para crecer”.

Mientras tanto, Klinsmann, cuyo salario era de $3.2 millones anuales hasta el Mundial 2018, busca tomar clases en un cuarto idioma, para mejorar sus opciones de trabajo.

“Quizá aprender un poco más español”, comentó con una sonrisa. “Para estar preparado en caso de que salga una oportunidad en el medio ambiente en ese idioma”.

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