Campos: La experiencia vivida en Uganda me ayudó a ser más humana

Patricia Campos nos comenta sobre su experiencia en Uganda

Tres meses han pasado desde que escribí el primer blog. Desde entonces han pasado muchas cosas que me han hecho cambiar. Todo lo vivido me ha hecho un poco más humana. No soy la mujer que se fue a Uganda a intentar ayudar. Soy la mujer que ha vuelto a casa, con la sensación que me queda mucho por hacer y aprender.

He reído, he llorado, he convivido con la muerte, he bailado. Definitivamente, he vivido DE VERDAD. Mis niños me han demostrado que sin ropa, zapatos, comida, agua, incluso bailando con la muerte todos los días…se puede ser feliz.

Yo les mostré que pueden soñar, que pueden volar, que pueden aspirar a ser lo que quieran.

Muchos de ellos no llegaran a los 25 años. Antes morirán de Sida, Fiebre Tifoidea o cualquier nueva enfermedad, debido a la falta de higiene.

Algunos, dejaran la escuela por falta de recursos y comenzarán a trabajar, sin tener ni siquiera 13 años; otras se quedarán embarazadas a los 14 o 15 años; muy pocos irán a la universidad y algunos, aunque solo sean uno o dos, se acordarán de una chica blanca que les insistió en que soñaran EN GRANDE.

De una europea que les explicó en que consisten los derechos humanos, la libertad, el Sida…Que las mujeres también son seres humanos y tenemos todo el derecho del mundo a estudiar y hacer deporte.

Siempre que podía les daba una charla sobre nuestra cultura, de como nosotros entendemos el mundo, de que estamos avanzando en busca de la igualdad y los derechos humanos.

En definitiva, intenté darles otra visión de la que el gobierno y la sociedad les inculcan.

El día que me marché fue muy triste para mí. Nunca pensé sentirme así. Lo explicaría como que nuestro corazón está formado por trocitos de amor y a mí me faltaba ese pedazo.

Sentí algo que jamás había experimentado. Fue una sensación de falsa felicidad. Una felicidad temporal que se terminó radicalmente al salir por la puerta de la escuela.

Los maestros reunieron a todos los niños en el patio para poder despedirnos. Cantamos, bailamos y de allí, nos fuimos a jugar el último partido de fútbol. Intenté saborear al máximo cada momento, sé que puedo no volver a verlos. Fue increíble, éramos alrededor de 100 personas en ese campo de futbol.

Prácticamente, era imposible jugar. Otros niños, quienes desde la montaña, les gustaba mirar como habíamos entrenado durante tres meses, también saltaron al campo.

Ahora, desde la comodidad de mi casa, no me siento cómoda, los echo tanto de menos…

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