¿En que fallaron Canelo y Golovkin?

El Canelo vs. Golovkin quedará como el mejor combate de alto perfil de los últimos tiempos. Pese al polémico empate que dieron los jueces, la acción hizo vibrar a los aficionados y cumplió inmensamente con las expectativas. No hay duda alguna que Saúl Álvarez y Gennady “GGG” Golovkin brindaron las mejores noches de sus respectivas carreras. Sin embargo, no hicieron la pelea perfecta, que es lo que uno de los dos tenía que hacer para ser más categórico e evitar la controversia. Aquí están algunos aspectos en los que ambos gladiadores fallaron y que pudieron haber marcado la diferencia camino a la victoria.

 

Canelo

Sacó mucho la vuelta

De entrada, se sabía que Álvarez no iba a fajarse e intercambiar golpes con Golovkin, pues no le convenía hacerlo con alguien que tiene un porcentaje de nocaut de cerca del 90 por ciento. Pero nadie se imaginaba que iba a tomar una página del libro de Floyd Mayweather e iba moverse constantemente. Canelo no era conocido por desplazarse en el ring con tanta facilidad, pero la pegada del kazajo lo forzó a hacerse ligero. El problema fue que abusó de esto. A la primera señal de problemas, no buscó afirmarse, solo trataba de escapar. Hasta se dejaba caer sobre las cuerdas como último recurso, algo que no fue lo ideal pues se exponía a más castigo. 

Fue sobrado

En momentos se vio que Canelo no estaba afrontando una pelea que podía definir su carrera con la seriedad necesaria. Y esto fue bastante evidente en el quinto round, cuando se puso a querer jugar con “GGG”. Sobre las cuerdas, el mexicano movía la cabeza diciéndole que no al kazajo, cada vez que lo conectaba o fallaba. Fue un acto de mera fanfarronería, ya que considerando la frialdad del campeón no era algo que lo iba a desconcertar y hacerlo parar su presión. Al ir a la ofensiva, tampoco actuó de acuerdo con las circunstancias. Durante gran parte de la contienda, solo atacó con un golpe a la vez, quizás pensado que así podría resolver las cosas pese a que enfrente tenía a un peso mediano natural que nunca había tocado la lona.

Le faltó dar más

No se puede demeritar en ninguna manera el accionar de Álvarez, en lo que fue el mejor combate dentro de sus 11 años en el boxeo de paga. Pero si dejó la sensación de que las cosas se dieron cómo se dieron por lo que él no hizo, que por lo que hizo Golovkin. Como retador al trono del rey de los medianos tenía que dar más. Raramente mostró iniciativa, solo reaccionaba a los embates de “GGG”. En el décimo round, cuando finalmente decidió tomar el toro por los cuernos, mermó al campeón con fuertes combinaciones arriba y abajo. Sin embargo, no siguió así y para el último y decisivo asalto fue el kazajo él que mostró más fuego, aunque ya estaba desgastado.

Golovkin

Lo dejó ir vivo

Además de su poderosa pegada, una de las cosas que llevó a Golovkin a tener una racha de 23 nocauts fue su majestosa habilidad para cortar el ring. Como depredador acorralaba a sus rivales para luego acribillarlos sin merced. Pero ante Canelo no lo pudo hacer con mucha efectividad. La juventud y excelsa condición física del pelirrojo fueron mucho para él. Álvarez siempre estuvo un paso adelante y no le fue fácil contenerlo. Cuando tenía sobre las cuerdas al mexicano, éste siempre daba la vuelta para su izquierda y se escabullía.

Mucho respeto

Algo que hizo que “GGG” surgiera a la fama fue su estilo espectacular de ir hacia el frente. No era un peleador que buscaba aperturas en defensas, era un martillo que las demolía. Por eso fue sorprendente verlo arrancar el combate con mucha mesura. Estaba viendo que hacía Canelo, en vez de imponer su voluntad. Se enganchó en un round de estudio, para luego seguir tanteando las cosas en el segundo giro. Con esta falta de urgencia al inicio, el kazajo desperdició dos asaltos vitales.

No fue una máquina

El arsenal de golpes de Golovkin lucía impresionante. Era capaz de abrumar a sus rivales con formidables impactos de todos los ángulos. Sin embargo, ante Canelo no tuvo el instinto asesino para realmente hacerse pesar. Pese a que su jab lució como un pistón, no fue determinante. Estuvo lejos de ser el ariete que le abrirá el camino para abatir. Tampoco fue capaz de establecer un agudo ritmo de castigo; parecía que intentaba acabar el combate de un solo golpe. Además, su venerado golpeo al cuerpo, el que hasta ha sido comparado con el de Julio César Chávez padre, no salió a relucir pues casi no buscó agredir al mexicano de esta manera.

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