Adrián González ataca los efectos del tiempo con el boxeo

Las paredes del Wild Card Boxing Club estaban adornadas con imágenes de campeones que llaman o han llamado a este lugar su casa.

Manny Pacquiao. Miguel Cotto. James Toney. Johnny Tapia.

Con una mirada fija, Marvin Somodio sostiene un par de manoplas que absorben las secuencias rápidas de los golpes.

Somodio ha trabajado con varios campeones de boxeo. Pero en este día, trabaja con el primera base de los Dodgers, Adrián González.

Utilizando su perfil zurdo, González lanza dos uppercuts de izquierda, en secuencia. Luego, lanza una zurda, seguida por una derecha. En cada golpe que conecta, las manoplas de Somodio retumban en el edificio antiguo.

El dueño de este gimnasio histórico de Hollywood, Freddie Roach, mira con curiosidad lo que sucede.

“No está en un nivel para protagonizar una velada pero tiene los fundamentos del boxeo”, dice Roach, quien es mejor conocido por entrenar a Pacquiao.

El boxeo se ha convertido en una parte significante en el programa de entrenamiento de González desde hace tres años. Cuando vivía en San Diego en ese entonces, trabajó con Chris Byrd, un excampeón de peso pesado.

“Me he dado cuenta que trabajo mejor haciendo esto que levantando pesas”, dice González. “Esto me hace el torso más fuerte, mis brazos más fuertes, mi espalda más fuerte, son tres de las cosas que necesito más en el béisbol”.

González se quedó en Los Ángeles durante el año pasado para entrenar boxeando en el invierno. Dice que le gustó la manera que el boxeo le ha ayudado a prepararse para una temporada de 162 juegos.  

“¿Qué mejor lugar que aquí?”, dice González.  

Así que González llegó un día al gimnasio y preguntó si podría contratar a alguien para que trabajara con él. Encontró al entrenador Somodio, quien fue entrenador del excampeón de peso semiligero Ruslan Provodnikov. Este es el segundo invierno que González está con Somodio.  

González cree que este trabajo comienza a ser muy importante para él. Y es que un mes antes de inicie la próxima temporada cumplirá 34 años de edad.

La zurda de González ya ha hecho ajustes a su swing, ya que trata de mandar la pelota al jardín central en lugar del jardín izquierdo. También está haciendo cambios a su rutina de trabajo, ya que comenzó a entrenador dos semanas después de que los Dodgers fueron eliminados por los Mets de Nueva York este año.

“Siento que mientras quedo más viejo y más tiempo tomo de descanso, más tiempo me toma para volver al ritmo”, señala el pelotero. “Así que si tomo un mes de descanso, me va a tomar un mes para volver a ponerme en forma”.

González acepta que está entrando en una nueva etapa en su carrera.  

“Soy realista”, asevera el mexicano. “No soy el tipo que está tratando de ser algo que no es. Sé que tengo que sacarle provecho al máximo de lo que tengo. Mucha gente se topa y no sabe recuperarse porque dice ‘es lo que he hecho toda mi vida’. Es por eso que la gente llega a una edad y no pueden jugar más. Solamente saben hacer una cosa. Yo me puedo ajustar”.

Parte de ese ajuste son las dos visitas a la semana que hace al Wild Card. Hace todo lo que hace un boxeador profesional rumbo a una pelea, excepto sparring.  

Somodio reconoce que estuvo sorprendido al ver la condición física de González.  

“Puede durar”, expresa Somodio con una sonrisa. “Puede entrenar todo el día. Soy yo el que se cansa”.  

González no es el único atleta que ha entrenador en el Wild Card.  

El primero que recuerda Roach es el jugador de USC, Wiston Justice. Mientras estaba cumpliendo una suspensión de un año en la universidad, Justice trabajó a diario con Roach. Luego fue a jugar en la NFL.

Roach también trabajó con Shaquille O'Neal para sus peleas de exhibición contra Óscar de la Hoya y Shane Mosley.  

“Era muy bueno”, recuerda Roach.

Roach intenta acordarse del nombre de otro exjugador de los Lakers que entrenó. Luego voltea a Somodio y le pregunta. “¿Quién era el otro?, el grande, el que ya no está haciendo nada ahora”.

¿Andrew Bynum?

“Andrew Bynum”, dice Roach. “Quería retirarse del básquetbol y convertirse en boxeador. Le dije que mejor no”.

González comparte en este día su espacio de entrenamiento con dos prospectos en peso pesado, Trey Lippe-Morrison, quien tiene récord de 10-0, con 10 nocauts. Lippe-Morrison es el hijo de Tommy Morrison, el fallecido excampeón de peso pesado.  

Mientras Lippe-Morrison entraba al gimnasio, Roach le señala a González. “Ahí está tu compañero de sparring”.

Roach estaba jugando, a medias. Mientras González no se exponga a una lesión, Roach dice que González bien podría trabajar a la par de  peleadores de la experiencia y nivel de Lippe-Morrison.  

“Definitivamente”, afirma Roach.

Al final de la tarde, mientras González termina con su entrenamiento, entra al cuarto Taishan Dong, un peleador de siete pies de estatura de China. Dong muchas veces entrena junto a González.  

Jean Pascal también entrena ahí, mientras se prepara para una pelea en peso semipesado ante el campeón Sergey Kovalev.  

“El ver a estos peleadores es muy divertido”, dice González. “Es también bueno saber que puedo mantenerme al ritmo de ellos”.  

Muchos jugadores de béisbol no pueden.

El invierno pasado, González invitó a Yasiel Puig y Joc Pederson a que lo acompañaran al gimnasio.  

“Todo mundo dice que está en forma hasta que vienen a este lugar”, cuenta González. “Es un diferente tipo de acondicionamiento. No es como correr ocho sprints en 20 minutos”.

En el tema de Puig, González explica que habló con el jardinero cuando estuvo involucrado en el altercado en un bar de Miami el mes pasado. González le aconsejó a Puig que evitara tomar en público.

González piensa que Puig puede lidiar mejor con la avalancha de publicidad negativa generada por el incidente que hace dos años.

“Ya ha estado en suficientes cosas para que pueda lidiar con esto”, señala González. “Sabe que va a tener mala publicidad por cualquier cosa que haga”.

“El problema es que mucha gente no ve las cosas buenas que él hace”, expresa el mexicano. “Solamente se fijan en las cosas malas. Va al hospital y visita niños por su cuenta sin que le diga nada a nadie”.

Cuando salió un artículo que criticaba a Puig - en el cual un excompañero en condición de anonimato dijo que el cubano era “la peor persona que ha visto en este juego”, González le mandó un texto con el enlace de la historia.  

González también le mandó un mensaje que decía: “puedes ser lo que tú quieras ser”

Puig le respondió: “Gracias, hermano. No te voy a decepcionar”.

Ese intercambio dejó a González muy optimista.

“Tiene la mentalidad y el corazón para ello”, dice González.  

Aunque el mexicano reconoce que no le gustó que los Dodgers perdieran a Zack Greinke con los Diamondbacks de Arizona, también dice estar optimista con los movimientos de los Dodgers en general.  

“Perdimos a un candidato al Cy Young y no lo reemplazamos”, indica González. “Pero puedes usar ese dinero para obtener a dos titulares y un buen bate”.

González dice que entiende por qué los aficionados están preocupados con la falta de movimientos de los Dodgers en el invierno.

“La gente habla de lo que ve hoy”, comenta González. “No se enfocan en cómo se verá el equipo en febrero. Le digo a toda la gente que sean pacientes. La temporada no termina hasta que se juegue el primer juego de la temporada regular. Uno nunca sabe. Puede que estén trabajando en algo muy grande que nadie sabe. No me preocupo por eso. Ahora, parece que todo está lento y parece que no están haciendo mucho, pero puede que estén haciendo muchas cosas detrás de las cámaras”.

Muy parecido a lo que González está haciendo ahora.  

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