Pitcher prospecto de Compton quiere cumplir sueño de su padre nicaragüense

Lanza y el bateador logra conectar pero sin mucha potencia, la bola le queda cerca al pitcher que corre a tomarla para tirar a primera antes que el corredor llegue… y es “out”.  El Dodger Stadium enloquece, el pitcher celebra con sus compañeros el triunfo del equipo de sus amores, los Dodgers. Al mismo tiempo que recibe un “high five” de Clayton Kershaw, el abridor de esa noche.

Jonathan Largaespada sueña despierto mientras usa una malla de protección como su cátcher y una de las paredes, como el bateador rival, del patio trasero en su casa en Compton. Lo único real de la escena anterior, la almohadilla que tiene como “home plate” y la bola que usa para practicar.

“El ‘two seam’ es mi lanzamiento especial y tiene una velocidad de 85 a 86 millas por hora”, explicó el joven de 16 años a HOY Deportes. “Imagínate que estás en home y lanzo la bola al medio, esta se iría hacia adentro al lado derecho del bateador. Esto causa que cuando el bateador trata de pegarle se sienta como sin espacio, apretado, incómodo para pegarle claramente”.

A sus 16 años, Jonathan tiene metas, no es solamente llegar a las Grandes Ligas.

“Quiero pagarles de vuelta a mis padres todo lo que han hecho por mí, sea obteniendo los mejores resultados en la escuela, llegar lejos en el deporte”, dijo. “Espero algún día lograrlo, quiero cuidarlos, darles todo lo que ellos merecen, quiero comprarles una casa, entre otras tantas cosas”.

El joven lanzador fue considerado uno de los mejores prospectos que participaron en el torneo Sub-18 de la PONY Palomino World Series, en Laredo, Texas, con el equipo de Compton MLB Youth Academy.  Ahí, el pitcher alcanzó un récord personal de 2-0, siendo su segundo triunfo en las semifinales de la competencia, pero que eventualmente perdieron en la final con otros lanzadores en la lomita.

Además que en su escuela, Paramount High, es uno de los pitchers principales e importantes del equipo.

Jonathan proviene de una familia beisbolera en el que su padre, Daniel Largaespada, quien es nicaragüense, ha sido su mayor influencia, e incluso su madre, María Machado, también estuvo expuesta al béisbol en su natal Culiacán, Sinaloa, y apoyó a su hijo desde siempre para seguir el deporte.

“Cuando tenía solo tres años, mi papá me empezó a enseñar a tirar la bola, desde entonces no lo dejé”, recordó Jonathan.  “Siempre sentí que era mejor lanzando que bateando. Siempre supe que si trabajaba tan fuerte como mis jugadores favoritos, Kershaw y [Yordano] Ventura, entonces podría alcanzar mi sueño”.

Aparte de haber aprendido mucho de su padre, quien jugó en su país en la categoría amateur, Jonathan tiene como objetivo principal cumplir el sueño que no alcanzó a hacer realidad Daniel.

“Él jugaba en Managua, en la liga local y no pudo llegar a ser profesional porque provenía de una familia de bajos recursos, entonces tenía que siempre trabajar y dedicarse a sacar a su familia adelante. Siempre se ha preocupado por nosotros, que mis hermanos y yo seamos buenas personas”, señaló.

Todo por la familia

Como muchas historias de inmigrantes, Daniel tuvo que dejar su vida en su natal Nicaragua para alcanzar un mejor futuro.  Aterrizó en Los Ángeles hace 30 años y no avanzó muy lejos del aeropuerto de la ciudad.

“Trabajé en una gasolinera, que le fue mal y empezaron a cerrar.  Pronto me fui a trabajar al aeropuerto gracias a un amigo”, recordó Daniel.

Daniel dijo provenir de una familia muy pobre en su natal Nicaragua y recuerda siempre los sacrificios de su madre para proveerle a él y sus hermanos. 

Ya en una edad adulta, Daniel trabajaba en computación, en el Banco Nicaragüense, su último trabajo que tuvo antes de llegar a los Estados Unidos.

“Tuve varias posiciones allá, fui contador, operaciones internas, contabilidad, cajero… pero la guerra transformó todo y tuve que estar en el servicio militar, pero no estaba como activo porque ya pasaba los 21 años en los 80s. La guerra termina prácticamente en 1979.  Fue una guerra interna cuando el ‘famoso’ Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) pelea contra Somoza, que era una dinastía”, explicó Daniel.

El tener un trabajo como profesional en su país y “volver a empezar” en Estados Unidos, no es algo que a Daniel le deprime.

“Me dedico al mantenimiento.  La mayoría de gente lo ve como un retroceso, pero aquí tenemos aquí que cambiar la mentalidad, pensar que ‘aquí voy a nacer, a crecer’”, dijo. “Esto me facilitó para ayudar a mi familia en mi país.  En el aeropuerto fue donde conocí a la que es mi esposa hoy, ella entró seis meses antes que yo.  Tengo mucho que agradecer mucho al aeropuerto por todo esto. Gracias a Dios que nos dio el sustento”.

Daniel dijo estar muy orgulloso de los logros de sus hijos y siente que el apoyo que como familia le han demostrado a Jonathan le ha permitido al jugador sobresalir. 

“Hay que cambiar el chip, lo de allá queda allá y lo que empiezas aquí, lo sigues aquí. Mucha gente toma ese cambio como negativo, soy creyente y es lo que he tratado de inculcarle a mis hijos, siempre en lo positivo”, finalizó.

El Perfil

Nombre: Jonathan Largaespada
Edad: 16
Escuela: Paramount High
Posición: Lanzador
Estatura: 6’4”
Velocidad máxima: 87 mph
Lanzamientos: Two-seam, four-seam, knuckle curve, slider y circle change 

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