Extraño la época de los esteroides en el béisbol

OPINIÓN: Extraño la época de los esteroides en el béisbol

Los puristas del béisbol me odiarán por decir semejante cosa, e incluso a mí se me hace increíble titular una columna de la forma en que lo hago esta vez, sobre todo porque en su momento fui sumamente crítico de los peloteros que, evidentemente, consumieron esteroides durante buena parte de las décadas de los 90 y 2000.

Recuerdo que varias veces tuve intensas discusiones al respecto con mi amigo y colega Ricardo López, un especialista en béisbol, quien trabajó para Hoy Deportes y actualmente es coordinador de deportes para la cadena de diarios Impremedia.

El punto de debate en nuestras discusiones era que los esteroides no necesariamente hacían que los jugadores fueran más afectivos al batear, pues lo que hacen es incrementar la fuerza, no mejorar la habilidad de poder pegarle a la pelota con el bate.

Pero hoy, después de más de 10 años de aquellas discusiones, está claro que en la “oscura” etapa de los esteroides en el béisbol, los bateadores fueron mucho más eficientes.

Desde que se lleva registro de los jonrones, entre 1871 y 1986 el promedio de cuadrangulares nunca fue mayor a uno por partido. En 1987 fue la primera vez que esa barrera se rompió, al llegar a 1.06 por juego. Luego pasaron seis temporadas en las que el promedio no volvió a pasar de uno por encuentro, hasta que entre 1994 y 2009 hubo una seguidilla de 16 temporadas en que la media de vuelacercas por partido fue mayor de uno (En 2000 fue lo más alto de la historia, con 1.17).

Por aquel entonces, las fotografías de Barry Bonds, Sammy Sosa, Mark McGwire y otros renombrados toleteros, inundaban las portadas de las revistas, mientras los récords de jugadores históricos como Roger Maris y Babe Ruth caían como fichas de dominó.

Pero la verdad salió a la luz cuando en 2007 el famoso Reporte Mitchell confirmó los rumores del excesivo uso de esteroides, al develar los nombres de decenas de peloteros que habían usado substancias para mejorar el rendimiento. Desde entonces, las Ligas Mayores iniciaron una campaña para “limpiar” al béisbol, y lo lograron. De 2010 a la fecha, solo una vez se ha superado la barrera de un jonrón por partido (1.02 en 2012).

Los pitchers han vuelto a dominar el juego. Apenas la semana pasada Max Scherzer (Nacionales) lanzó el segundo partido sin hit de esta temporada. Solo para que se den una idea, entre 1994 y 2009 (16 campañas) hubo un total de 28 juegos sin hit, mientras que de 2010 a la fecha (cinco y lo que va de esta) van 26.

Pero, ¿ha hecho eso mejor al béisbol? Yo creo que no, al menos para mí se ha vuelto más aburrido. Me apena decir que jugadores “limpios” como José Bautista, Giancarlo Stanton, Mike Trout o Bryce Harper, no me emocionan tanto ni me mantienen pegado al televisor como lo hacían Bonds, Sosa y McGwire.

Mientras buscaba con qué foto ilustrar esta columna, me encontré con una de la transformación física de McGwire a través de los años, cuyo pie decía “¿Quieres escuchar la horrible verdad, o quieres verme pegar unos cañonazos?”.

No tengo una buena respuesta para semejante pregunta, pero lo que sí sé es que extraño la época de los cañonazos.

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