Mamá mexicana, trabajadora de construcción y oficial en una cárcel juvenil, debuta en Combate Americas

Entre ser ayudante en la construcción, una procesadora de reclusos que llegan a un centro juvenil de detención por las noches de Salt Lake, Utah, entrenar alrededor de cuatro horas al día y cuidar de su pequeña hija… Brenda Enríquez pide más de la vida.

“Todo esto que estoy haciendo no lo hago por estar ahí nada más”, dijo la debutante en la velada de “El Grito en la Jaula” de Combate Américas en Redlands. “No me gusta ser una persona ordinaria, quiero ser extraordinaria. No quiero estar a nivel de todo el mundo.  Por eso hago cosas que me sacan de mi zona de confort”.

La oriunda de Chihuahua, cuyo récord amateur es de 7-1, no le tiene miedo a los retos pues le es muy en claro su deseo de alcanzar el éxito. Para esto espera dar su primer paso al vencer el viernes (5 p.m.) a la también novata Shyann Farmer en el Splash Kingdom Amphitheater (de la compañía Hybrid One). 

El reto más grande hasta ahora, en sus 28 años de existencia, asegura ha sido el de criar a su hija.

“Tiene nueve años y es todo lo contrario a mí”, dijo orgullosamente la peleadora a HOY Deportes.  “Le encanta cantar, bailar, gimnasia… nada de los golpes ni de la lucha, pero siempre está ella conmigo en el gimnasio.  Ella es la que me graba cuando entreno, incluso cuando me siento cansada es la que me empuja para que vaya, que si quiero ganar peleas, entonces tengo que entrenar”.

Según Enríquez, su fuerza proviene por haber crecido entre varones con los que “siempre andaba a los golpes”, lo que le permitió defender en algunas ocasiones a su hermanito del bullying.

“Los chicos más grande que él le pegaban y como él estaba más chiquito, no se podía defender”, recordó. “Mi hermano mayor no podía golpearlos porque era más grande en edad que ellos. Yo era la que quedaba más o menos a lo mismo y pues lo defendía. No los noqueaba pero sí los hacia llorar”.

A pesar de la seriedad con la que vive su presente, Enríquez mantiene un buen sentido del humor y se dice adicta a las sensaciones fuertes.  

“Es violento pero es como todo deporte, que trae su riesgo”, dijo. “Me gusta la adrenalina y me gusta más porque no me voy a aburrir del cansancio.  Me gusta que me levanten la adrenalina (risas)”.

Por su parte, su madre la apoya pero prefiere verla dedicándose a otra cosa que no incluya la violencia que genera estar en el octágono.

 “Mi mamá me dice que me busque algo diferente, ya sea como modelo o qué sé yo… que no me golpeen”, dijo jocosamente Enríquez. “Con mi papá pues no crecí con él, pero hace poco lo volví a ver y me lo llevé a que me viera entrenar, se quedó un poco sorprendido porque nunca me había visto. Me dijo al final que soy como él, que soy buena para los trancazos”.

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